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martes, 9 de junio de 2015

Videodrome (ídem, 1983) de David Cronenberg

Max Renn, un aburrido operador de televisión por cable, descubre un día una televisión "real" llamada Videodrome. Una palpitante pesadilla de ciencia-ficción que nos muestra un mundo en el que el vídeo puede controlar y alterar la vida humana. Considerada por Andy Warhol la "naranja mecánica" de los 80.


Extraña, desagradable y desasosegante película de Cronenberg (como casi todas), que explora muchas de las inquietudes de sus singular director: el sexo, las enfermedades ligadas al sexo, los trastornos psicosexuales, la metamorfosis orgánica, la fusión entre carne y materia inorgánica, la alienación, las alucinaciones, etc. Pero también trata sobre la manipulación de las personas mediante los medios de comunicación y la forma en que sus contenidos modelan nuestra personalidad.


Max Renn, que trabaja en el turbio mundo de la pornografía, se siente cada vez más atraído por el sadomasoquismo y la expresión más violenta de los impulsos sexuales. Sus gustos extravagantes y su forma de vida lo convierten un personaje extraño, diferente al resto de la sociedad y hasta cierto punto alienado. Cuanto más interés despierta en él “Videodrome”, más se aliena y su personalidad cambia. Se convence a si mismo que su interés por “Videodrome” nace de la necesidad de mantener a flote su canal de televisión con material raro. Pero la exposición a esa película snuff le provocará alucinaciones, la hará perder la sensibilidad y volverse cada vez más violento.


Una trama conspiratoria bastante inverosímil y, incluso, algo ridícula, sirve para evidenciar el control que terceros pueden ejercer sobre nosotros mediante la pantalla de televisión. Renn es constantemente manipulado y casi nunca actuá de forma independiente. Además, también manifiesta el efecto corruptor de la violencia en los medios, la insensibilización y la relativización de la violencia y la moral. Toda ésta corrupción moral y enajenación mental es expresada físicamente mediante las transformaciones del cuerpo de Renn y sus alucinaciones.


La banda sonora es perfecta para la película, te prepara para este inquietante y brutal golpe al estómago que es Videodrome, una película magnética por desagradable y sugerente.


8/10


martes, 28 de abril de 2015

Fausto (Faust, 1926) de F. W. Murnau

Fausto es un sabio, venerable y bondadoso anciano que estipula con Mefisto, para librar al pueblo en que habitaba de una horrenda peste que diezmaba sin que quedara familia sana. Con el tiempo Fausto se corrompe, tentado por la juventud eterna y gracias a la influencia y promesas de Mefisto quien termina traicionándolo cruelmente. Hasta que encuentra una joven llamada Gretchel, bella y cándida, y se enamora de ella. Mefisto había pactado con el arcángel que si le robaba el alma a Fausto le daría la tierra, ya que según el propio diablo, ningún hombre se resiste al mal.


Historia mítica que pretende transmitir la bondad, el amor y la divinidad prevalecen por encima de la maldad, un planteamiento del todo maniqueísta. Encima resulta contradictoria, pues Fausto traiciona continuamente su moral y solo al final se arrepiente, aunque no arregla nada, convirtiéndose en un hipócrita. Es más, el Arcángel de ésta película ni siquiera podría considerarse “el bueno”, pues permite que Mefisto juegue con la vida de miles de personas enviando una peste y haciendo de las suyas entre los mortales, y solo por una apuesta.


Técnicamente es intachable, tiene una fotografía y unos escenarios excelentes. La ciudad de Fausto recuerda a la retorcida ciudad de El Golem. Tiene una puesta en escena puramente expresionista y de las mejores. Su trama también lo es, pero eso no quita que caiga en varios fallos. Empieza muy bien, la primera secuencia con el enfrentamiento entre el Arcángel y Mefisto y la invocación de Mefisto por parte de Fausto son lo mejor del film y, incluso, de lo mejor del expresionismo. Pero luego decae muchísimo, sobretodo después de que Fausto rejuvenezca.


La trama del ligue de Fausto es insípida y muy falta de interés, aunque no tanto como la subtrama del ligue de Mefisto (que va enfundado en un traje ridículo, que parece sacado de una tienda de disfraces). Además no consigo empatizar con ningún personaje, ni siquiera con Fausto, que me parece un hipócrita. Ello me impide recuperar el interés cuando la trama avanza y hace evidente el despropósito del tramo final y de su moraleja, ya comentada al inicio de la reseña.


En definitiva, una película que aunque es técnicamente perfecta, resulta muy decepcionante.

6/10



miércoles, 8 de abril de 2015

Los Nibelungos: la venganza de Krimilda (Los Nibelungos Parte II) (Die Nibelungen: Kriemhilds Rache (Die Nibelungen - Teil II), 1924) de Fritz Lang

Segunda parte de Los Nibelungos. Adaptación de una serie de leyendas germanas sobre los nibelungos, seres que habitan entre la niebla. Viuda tras la muerte de Sigfrido, Krimilda se casa con el bárbaro rey de los hunos con el propósito de ejecutar su plan de venganza.


La segunda parte de Los Nibelungos sigue e incluso potencia la ambigüedad de los personajes. Krimilda recibe todo el peso del film y se hace con el protagonismo junto con Hagen, eclipsando totalmente al rey Gunther. Krimilda, anteriormente caracterizada por su inocencia y templanza, arde en deseos de venganza, cosa que le hace perder la razón paulatinamente. Sus deseos de venganza son legítimos, pero sus métodos no lo son. Es capaz de sacrificar todo lo que sea necesario (los soldados, el castillo y, incluso, su hermano) para conseguir su venganza, lo que lleva a la consiguiente tragedia, la matanza final.


Hagen, por su lado, sigue con su actitud leal hasta el mismo final. Si, es capaz de llegar al extremo por su rey, ya sea asesinar bebés o morir en las llamas. Ni villano ni héroe, es un hombre sólido y leal a si mismo y, por consiguiente, al rey. Los hunos son lo más decepcionante del conjunto. Su caracterización raya al racismo. Son salvajes, estúpidos y malos guerreros (mueren como moscas ante unos pocos soldados). Eso sí, aunque Atila es un loco excéntrico, avece hace gala de un sentido común del que carece Krimilda.


Krimilda tal vez peca de una excesiva deshumanización. Su locura llega a tal punto que la muerte de su hijo parece no importarle. Para mi gusto se ha llevado demasiado al extremo su cambio. Por otra parte, su interpretación también es la peor, no creo que la actriz esté a la altura del papel, resulta demasiado sosa y inexpresiva, sobretodo para una película muda y que se adscriben, aunque sea parcialmente, al expresionismo alemán.


Lang consigue un clímax largo y potente, con una gran carga dramática, con ese asedio sangriento y épico. La locura de Krimilda llega a su tope, Hagen lleva a las últimas consecuencias su lealtad y Atila se venga como es debido. Probablemente (y curiosamente), Atila es el único que se comporta proporcionalmente a la ofensa recibida.


En el apartado técnico todo sigue más o menos igual que a la primera parte: fotografía impecable, escenarios monumentales pero que desentonan un poco y un vestuario que acierta solo a ratos. Para mi gusto y contradiciendo la opinión generalizada, la segunda parte supera a la primera.


7/10


martes, 7 de abril de 2015

Los Nibelungos: la muerte de Sígfrido (Los Nibelungos Parte I) (Die Nibelungen: Siegfried (Siegfrieds Tod) (Die Nibelungen - Teil I), 1924) de Fritz Lang

Adaptación de una serie de leyendas germanas sobre los nibelungos, seres que habitan entre la niebla. Narra la historia de Sigfrido, hijo de un rey, que, tras forjar una maravillosa espada y convertirse en un hábil herrero, debe volver al castillo de su padre. Sin embargo, impresionado por la historia de la bella princesa Krimilda, decide conquistarla. Abandona entonces el castillo paterno con el propósito de vencer a un dragón, cuya sangre hace invulnerable al que se baña en ella.


Contrariamente a lo que se podría pensar de una película basada en leyendas germanas, sobretodo en El cantar de los nibelungos, Los Nibeleungos no peca de maniqueísmo ni de personajes planos y tópicos. Lang hace algo muy suyo, construir personajes ambiguos. Sígfrido es fuerte, valiente, inocente y despreocupado, podría ser perfecto si no abusase de su poder y fuerza para su propio beneficio, manipulando a Brunilda en favor del rey Gunther para que éste acceda a darle la mano de Krimilda. Luego siente remordimientos, pero no duda en mantener la menira.


Ocurre lo mismo con Gunther, que aunque manipula a Brunilda su amor por ella es sincero y eso lo lleva a traicionar a Sígfrido. No le gusta ni la idea de manipular a Brunilda ni la de asesinar a Sígfrido y eso le sume en un estado casi depresivo contínuo. Hagen se lleva la palma en ambigüedad, sobretodo a partir de la segunda parte, ya que aunque aparece como el malo, su conducta obedece sólo a su lealtad extrema al rey Gunther y a su desconfianza en Sígfrido, que puede arrebatarle el feudo al rey; dos actitudes perfectamente comprensibles dada su posición.


Tras la presentación de Sígfrido y sus logros, la trama fluye de forma coherente y los personajes se complementan al la perfección para hacer avanzar la trama. Destaca por sus escenas épicas y heroicas, que salvo el combate del dragón, están muy bien llevadas. Dicho dragón, aunque en su momento seguramente fuese muy imponente, ahora resulta ridículo. Aunque a mí esos efectos especiales añejos nunca me han molestado, suelen parecerme entrañables, como es el caso. El clímax final está bien hecho, y seria casi perfecto si no fuera por la muerte repentina y inexplicada de Brunilda, introducida sólo para intensificar la carga dramática pero nada justificado.


La fotografía es impresionante, como suele ser en Lang. Consigue grabarte en la mente muchas escenas y es capaz de darle ese aire heroico y monumental que necesita. Los escenarios cumplen con ese cometido pero el uso reiterado de motivos más cercanos al arte indígena que al arte germano de la Alta Edad Media en los decorados me ha molestado bastante. Generalmente no me molesta la falta de realismo, pero creo que éste caso desentona demasiado. El vestuario también falla en algunos casos, como las ridículas trenzas infinitas de Krimilda o los cascos gigantes y ostentosos de Hagen y Brunilda.


Los Nibelungos no tiene demasiados errores o insuficiencias que lastren su visionado, pero lo cierto es que no lo he disfrutado tanto como ésta reseña parece indicar. No ha levantado del todo mi interés. Puede ser debido al personaje de Sígfrido, cuya inocencia e infantilismo me irritaba un poco. Pero tras el visionada reconozco que tal postura es un poco irracional. Tal vez es culpa del momento del visionado, dado que ha ganado con el recuerdo. Le doy una nota superior a la que le hubiese dado después de su visionado. Aunque su duración resulta un tanto excesiva, entretiene y emociona. Le debo un buen revisionado.


7/10


jueves, 2 de abril de 2015

Sombras (Schatten - Eine nächtliche Halluzination, 1923) de Arthur Robinson

Un mago experto en sombras chinescas es el encargado de amenizar una cena dada por un barón y su bella esposa. El marido, un hombre muy celoso, comenzará a enfurecerse cuando los invitados pretendan besar la "figura" de su mujer.


Sombras es una película coral que cuenta con personajes sencillos: el marido celoso, la mujer coqueta, los amigos pervertidos y el personaje predilecto del expresionismo, el personaje misterioso, extraño y siniestro, el mago experto en sombras chinescas. Ésto, lejos de suponer un problema permite hilar la historia con mayor fluidez y evitar el uso de intertítulos.

La trama avanza mediante diversos juegos de sombras que provocan malentendidos. Ésto al inicio construye una atmósfera más bien cómico, pero que acaba degenerando en un atmósfera dramática y tensa. Las sombras, como en cualquier película expresionista (y en muchas películas alemanas), expresa el destino. En éste caso las sombras son las catalizadoras del destino trágico de los personajes y expresan sus deseos inconscientes. Todos los juegos de sombras tienen que ver con impulsos subconscientes (mayormente asociados al erotismo) de los personajes. Ésto provoca una hostilidad creciente que desencadena el trágico final.


Robinson utiliza un recurso interesante y bastante raro, el falseamiento de la acción. Gran parte de la película resulta ser la representación de sombras chinescas del mago, hecho remite al cine como juego de luces. El mago les enseña a los personajes las consecuencias de dejarse llevar por los deseos y los lleva a la reconciliación y al autocontrol. Aunque el final resulte feliz y optimista, no desentona para nada con el film, de hecho, lo hace redondo.


Se trata de una película sencilla, sin demasiadas aspiraciones, pero que cumple de sobra. Destaca sobretodo en la fotografía debido al uso constante de las sombras. Película interesante, entretenida y a redescubrir.

7/10



miércoles, 1 de abril de 2015

El gabinete de las figuras de cera (Das Wachsfigurenkabinett, 1924) de Paul Leni

Cuenta la historia de un joven escritor que acepta un anuncio para escribir historias en torno a las figuras que se exponen en un gabinete de estatuas de cera expuesto en una feria. La hija del dueño, muy pronto, queda atraída por el joven empleado...


La trama se estructura en tres episodios, de la misma forma que Las tres luces, con una trama central que las une. En éste caso, los tres episodios giran entorno al escritor que redacta las historias de las figuras de cera. En ellas aparece siempre él mismo y la hija del dueño, de la cual se ha enamorado.


El primer episodio huye de lo siniestro y se caracteriza por sus elementos fantásticos y exóticos. Aunque cuenta con Emil Jannings, su actuación no es tan brillante como cabria esperar, tal vez debido a lo plano de su personaje y a la ausencia de verdadero drama. Éste episodio tiene un inusual toque cómico y juguetón, algo que resulta extraño teniendo en cuanta que tiene una ambientación expresionista. De hecho, probablemente tiene los decorados más logrados de la película, pero su estilo expresionista no encaja con la trama.


El segundo episodio cuenta con la mejor interpretación de la película, con un memorable Conrad Veidt como Iván el Terrible. Recupera lo siniestro y se acerca muchos más al estilo expresionista. Aún así se acerca más al drama que al terror, género al que se identifica tópicamente el expresionismo alemán. Se trata, de lejos, del mejor episodio de la película.


El tercer y último episodio rompe con la dinámica del film y ya no sitúa la acción en la historia que escribe el protagonista, sino en una pesadilla que tiene el escritor, que se queda dormido. Éste sueña que Jack el Destripador, el siguiente muñeco, intenta matar a su amada. Dado que se trata de un sueño, Leni utiliza un recurso muy interesante: convierte el escenario en una caos de forma y radicaliza el uso del claroscuro. Por desgracia éste último episodio es el más corto y sencillo, limitándose a filmar la persecución de Jack. Éste es interpretado por Werner Krauss, famoso por interpretar a Caligari y que luego interpretaría a Tartufo en Herr Tartüff, de Murnau, y aparecería en varia películas de Georg Wilhelm Pabst. Pero en El gabinete de las figuras de cera es totalmente desaprovechado, ya que su actuación se limita a hacer acto de presencia. Una lástima.


Aunque la película tenga casi todas las características del expresionismo, se aprecia un cierto optimismo en los finales felices y prefectos del primer y tercer episodio (el último resulta incluso un poco ñoño). El primer episodio además tiene un tono cómico, de forma que se rompe el conjunto y el film resulta engañoso y edulcorado. A diferencia de Las tres luces, no invita a reflexionar sobre nada y carece de profundidad alguna.

Entretiene pero no destaca en nada: expresionismo descafeinado, fotografía corriente, puesta en escena decente, conjunto pasable pero algo flojo.


5/10


viernes, 27 de marzo de 2015

Las tres luces (Der Müde Tod, 1921) de Fritz Lang

Dos jóvenes enamorados viajan en diligencia y, de repente, se une a los viajeros un misterioso desconocido. El vehículo se detiene en una posada, y el desconocido desaparece con el joven. La muchacha busca desesperadamente a su novio y, cuando descubre que es la Muerte quien se lo ha llevado, le implora que se lo devuelva. La Muerte le muestra tres velas (vidas) a punto de extinguirse y le explica que sólo podrá recuperarlo si logra salvar alguna de ellas.


Der Müde Tod es una película sobre la muerte, pero trata el tema de una forma un tanto superficial. De labios de la protagonista se enuncia la pregunta ¿es el amor más fuerte que la muerte? Es decir, ¿podemos nosotros imponer nuestra voluntad a la del destino? Pero la cuestión del destino si no se tienen creencias religiosas resulta un debate vacío. Aún así se agradece que una película de la época profundice en su tema y pretenda hacer reflexionar. I debemos agradecerle aún más a ésta película por despertar el interés de Buñuel en el cine.


El hecho de que la protagonista sea incapaz de salvar a su marido en las 3 historias da una visión pesimista de la vida: la vida nos depara un destino trágico y nosotros no podemos hacer nada por impedirlo. Pero tras el sacrificio de la protagonista, en que se niega a entregarle el niño y la muerte, deidad desencantada de su ingrato trabajo y comprometida con sus “víctimas, a las que compadece, se conmueve y le concede su deseo de devolverle su marido. Ésto abre la puerta a la esperanza, pero no se trata tampoco de un final feliz, sino más bien de un final amargo.


La película destaca por su belleza pictórica. Lang tenia un gran dominio de la puesta en escena y del claroscuro, hecho que demuestra en escena como la de la entrada en la cripta o la de la cripta misma, entre otras. Destacan también los efectos especiales, sobretodo la escena del ejército en miniatura, que reconozco que me sorprendió y me hizo gracia. De hecho, Las tres luces tiene varias escenas para el recuerdo, como la de las almas entrando a la cripta o la del viaje en alfombra, entre las ya mencionadas. Todas las apariciones de la muerte destacan bastante dado lo interesante del personaje, pues nos muestra a una muerte diferente, compasiva, dolorida y melancólica, y debido también a la enorme interpretación de Bernhard Goetzke, que se impone y domina cada una de sus escenas.


El gusto por lo exótico de Lang queda perfectamente plasmado, situando las historias en tres lugares y épocas distintos, algo que además tiene una función dentro del film, que es advertir de la universalidad del tema que trata, la muerte. Las historias resultan excesivamente simples y parecidas. Todas ellas siguen el mismo patrón, resultando excesivamente repetitiva, redundante y, por extensión, algo aburrida. Por otro lado, los escenarios de estos lugares resultan correctos, excepto el episodio de China, que es bastante pobre e infiel en la reproducción de sus escenarios y ridículo en los vestuarios (sobretodo en el mago y la protagonista). Los mejores escenarios son, sin lugar a dudas, los de la cripta.


En definitiva, aunque con una puesta en escena bastante buena, resulta un tanto irregular, menos profunda de lo que se cree y un poco sobrevalorada. Para mi, no se encuentra entre las mejores películas del Lang mudo y menos del expresionismo alemán. Interesante, entretenida y bien realizada.


7/10


miércoles, 25 de marzo de 2015

El estudiante de Praga (Der student von Prag, 1913) de Paul Wegener y Stellan Rye

Un estudiante, Balduin, salva a una aristócrata de morir ahogada. Se enamora de ella pero es un simple estudiante sin dinero. Se le aparece un anciano, Scapinelli, que le ofrece dinero a cambio de algo que el anciano quiera llevarse. El estudiante acepta el pacto y Scapinelli se lleva la imagen de Balduin reflejada en el espejo. Balduin se las promete feliz, sube de nivel social gracias al dinero de Scapinelli y logra enamorar a la aristócrata.


El estudiante de Praga es un precedente del expresionismo alemán, pero resulta controvertido situarla dentro de dicho movimiento. En ella se empiezan a vislumbrar las influencias de Max Reinhardt, más allá de que parte de su reparto (y el propio director, Paul Wegener) provengan de su compañía de teatro. La película empieza a utilizar la luz y el claroscuro de forma expresiva, como en la escena del juego de cartas (tal vez la mejor de la película) y, más sutilmente, en las proyecciones de sombras que le dan a la película un tono oscuro y terrorífico.


Se trata de una película fantástica de terror muy al estilo germánico, dado que la trama gira alrededor del dopplëganger, de la brujeria y utiliza escenarios muy propios del romanticismo alemán: calles antediluvianas o cementerios. Todo ésto son características muy propias del cine expresionista, pero el uso que hace del claroscuro es bastante residual de forma que se acerca al cine mudo más convencional. Aún así hay que recordar que Caligari no llegaría a los cines hasta siete años después.


La película en sí sólo destaca por estar avanzada a su tiempo. Ahora mismo sus personajes resultan simplones y su trama redundante y repetitiva, de forma que aburre un poco. Además, el personaje de la aventurera no aporta nada y sólo alarga la película innecesariamente. Pero la película data de 1913, El nacimiento de una nación tardaría dos años en estrenarse y el cine de Méliés continuaba siendo lo más destacables de la reciente historia del cine.



Por lo tanto, se trata de una película muy buena para la época y que se mantiene relativamente fresca e interesante, al menos muchos más que las demás películas que se hacían por ese entonces. Resulta también interesante como predecesora del expresionismo.


6/10


miércoles, 11 de marzo de 2015

El Golem (Der Golem, wie er in die Welt kam, 1920) de Paul Wegener

En el siglo XVI, en el gueto de Praga, vivía el Rabino Löw, mago y maestro en el arte de la nigromancia. Para evitar la expulsión de los judíos, ordenada por el emperador Rodolfo II, modeló la figura de arcilla del Golem e invocó al espíritu de Astaharot para que le otorgará la vida. Sin embargo, cuando los judíos consiguen quedarse en la ciudad, y el Golem salva la vida del emperador, el rabino trata de invalidar su conjuro y quitarle la vida porque ya ha realizado su cometido. Pero cuando un sirviente, cegado de amor, se la devuelve, la figura de arcilla escapa de la influencia humana y se convierte en una amenaza.


El otro gran clásico primigenio del expresionismo alemán es El Golem, en el que aparecía el primer monstruo clásico de la historia del cine. Los decorados esta vez resultan relativamente más reales. Las casas del gueto son rígidas y de aspecto antediluviano, y se retuercen en contornos angulosos y oblicuos que recuerdan a los sombreros puntiagudos de los judíos y sus barbas. Estos decorados transmiten la realidad malsana en la que vivían los judíos, tanto en el contexto de la trama como en la realidad del momento en Alemania. Aunque estos decorados resulten efectivos, no tienen el carisma y la fuerza que si tenían los de Caligari. Además, la caracterización del Golem ahora resulta un tanto ridícula.


Aunque se acerque al realismo, Wegener continua jugando con la luz y sus posibilidades expresivas. Además, vuelve a lo fantástico y a una trama parecida a la de Caligari, en que alguien tiene el poder sobre un ser sin conciencia capaz de cualquier cosa. El Golem vuelve al tema del poder, la fuerza y sus peligros, dependiendo de quien tenga el control sobre dicha fuerza. Mientras el rabino controla el Golem éste les devuelve la libertad y la seguridad. Pero al caer en las manos equivocadas y perder el control todos lo van a pagar muy caro.


Hay que destacar también la humanidad con la que se dota al Golem. El Golem monta en colora debido al desprecio al que es sometido y se venga por ello. Sólo la inocencia y la tolerancia es capaz de parar su venganza. Nos advierte, por tanto, de los peligros del racismo y del odio.

Aunque en puesta en escena, profundidad y entretenimiento esta unos peldaños por debajo de Caligari, se trata de un clásico interesante y original.

7/10


martes, 10 de marzo de 2015

El mago de Oz (The Wizard of Oz, 1939) de Victor Fleming

Dorothy, que sueña con viajar "más allá del arco iris", ve su deseo hecho realidad cuando un tornado se la lleva con su perrito al mundo de Oz. Pero la aventura sólo acaba de comenzar: tras ofender a la Malvada Bruja del Oeste (Margaret Hamilton), aconsejada por la Bruja Buena del Norte (Billie Burke), la niña se dirige por el Camino Amarillo hacia la Ciudad Esmeralda, donde vive el todopoderoso Mago de Oz, que puede ayudarla a regresar a Kansas. Durante el viaje, se hace amiga del Espantapájaros (Ray Bolger), el Hombre de Hojalata (Jack Haley) y el León Cobarde (Bert Lahr). El Espantapájaros desea un cerebro, el Hombre de Hojalata quiere un corazón, y el León, el coraje que le falta; convencidos de que el Mago también les puede ayudar a ellos, deciden unirse a Dorothy en su odisea hasta la Ciudad Esmeralda.


El mago de Oz me ha parecido una de las películas más estúpidas, cursis y infantiloides que he visto. Si, es una película infantil, pero está tan cargada de optimismo, inocencia y buenas intenciones que resulta cargante e irritante. Los escenarios y los sobreactuadísimos personajes son una perfecta muestra de ello. Puede que guste a los niños, pero si no fue la película de tu infancia creo que la buena experiencia no se volverá a repetir. Además, me gustan muy pocos musicales y este no ha sido una excepción.


La película tiene varios mensajes. Primero, no se está en ningún lugar como en casa y hay que querer y respetar a nuestros amigos y familiares. Tópico pero bien. Segundo, todos tenemos que madurar y arreglar nuestros problemas por nosotros mismos utilizando el cerebro, el corazón y la valentía. Éste estaría bien si no fuera porque Dorothy en ningún momento resuelve nada por sí misma, todo lo que soluciona o lo hace por suerte o lo hace sólo gracias a otra persona. Se trata de un personaje enormemente pasivo que se pasa la película quejándose y lloriqueando que no evoluciona en ningún momento, nunca vemos esa supuesta madurez, al final sigue siendo el mismo irritante personaje del principio. I tercero, el mejor lugar es el mundo real y no hay que refugiarse en un mundo de fantasía. Esto estaria bien si no fuera que la misma realidad parece un mundo de fantasia perfecto. Se supone que la trama se situa en la Gran Depresión en Kansas y que la granja es parcialmente destruida por un tornado. Nada de éste drama se refleja en la película, aunque sea sutilmente. Parece que todos ellos vivan en el país de la piruleta. ¿Entonces para qué querer viajar a un mundo de fantasía si ya se vive en él?


Tengo que mencionar también que el problema del perro y la vecina no se soluciona nunca, aunque parece que al final ya nadie se acuerda ni le importa. Un fallo de guión bastante grave. En resumen, tonta, cursi, infantiloide, engañosa y moralmente reprobable. No me parece que a los niños se les tenga que transmitir la idea de un mundo tan rematadamente perfecto, inocente, lleno de buenas intenciones y golpes de suerte que hacen vencer siempre al bueno sin que este haga nada.


3/10