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domingo, 10 de mayo de 2015

Cielo despejado (Chistoe Nebo, 1961) de Grigori Chukrhai

El piloto aéreo Astakhov, héroe de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, es hecho prisionero por las tropas alemanas. Cuando regresa a casa liberado al acabar la guerra, es expulsado del Partido Comunista, despedido de su trabajo y privado de todas sus condecoraciones. Lo consideran un traidor y espía. Durante años, no puede encontrar trabajo como piloto. Poco a poco, su decadencia se incrementa con el alcohol; pero su esposa, Sasha, luchará por él con la esperanza de que se haga justicia.


El personaje de Sasha, como la protagonista de El 41, es una mujer fuerte e independiente. Aunque al principio de la historia es una niña inocente e ingenua, ya desde entonces tiene iniciativa y valentía. Luego, debido a la guerra y a la necesidad de sobrevivir sola, madura y se endurece. Astakhov, por otro lado, debido a que es tomado por traidor al sobrevivir al cautiverio con los nazis, pasa de ser un hombre alegre y con gran sentido de la responsabilidad y del deber para con el partido y su patria a ser un hombre depresivo y alcoholizado que deja a su familia en la estacada. Como en El $1, la mujer protagonista acaba soportando la responsabilidad de cuidar de un hombre, también su pareja sentimental (además de su hijo).


Además del personaje principal que se convierte en un símbolo del feminismo, la película también trata un tema político como es la injusticia, desconfianza e immobilismo de la Unión Soviética estalinista. Este último tema es tratado de una forma un tanto simplona, pues parece que con el deshielo (simbolizado con una metáfora muy evidente) todos los problemas se solucionen.

Pero sobretodo la película funciona como un retrato muy expresivo del miedo y la miseria de la guerra mediante la particularísima fotografía de Chukhrai, en tonos apagados y sombras duras. Frecuentemente también oscurece la parte superior del encuadre, pero en el apartado fotográfico resulta más convencional que El 41.


Es una película emotiva, muy poética, pero que cae un poco en el melodrama y resulta un poco simplona en el tratamiento del contexto político.


8/10


sábado, 9 de mayo de 2015

Yo paseo por Moscú (Ya shagayu po Moskve, 1964) de Georgi Daneliya

Un día en la vida de cuatro jóvenes en Moscú. Se hacen amigos, se enamoran, se pelean y hacen las paces. Afrontan miles de aventuras que sólo la gente joven puede vivir tan feliz y tan despreocupadamente... La propia Moscú es también una de los protagonistas con sus calles, estaciones de metro, avenidas y malecones... Una ciudad de grandes esperanzas y brillante futuro.


La trama de Yo paseo paseo por Moscú es algo indefinida, pues avanza a base de acontecimientos azarosos. Cada secuencia es relativamente independiente de la anterior, funciona a base de “episodios” o “gags” que solo cogen la trama como punto de partida y se desarrollan mediante acontecimientos sorprendentes. Aún así la trama es fluida, entretiene y divierte. Transmite continuamente un tono alegre, optimista y juguetón; que puede irritar un poco, pero encaja con el género de la comedia con toques románticos.


Combina el optimismo, la confianza en el ser humano, con cierto romanticismo; que expresa de forma un tanto exagerada e irreal mediante sus personajes, las situaciones por las que pasan y la forma de filmar Moscú. Moscú se convierte en un protagonista más de la comedia y se convierte en el centro de muchas escenas. Son especialmente bonitas las primeras imágenes de Moscú o la escena en que vemos una mujer anónima caminando descalza bajo la lluvia.


La combinación de una trama en base a historias cruzadas, ese ya mencionada optimismo y la forma en la que se filma Moscú, convierte ésta en una ciudad, plácida, feliz, vigorosa y llena de vida. Se trata de una canto al optimismo, al amor por la vida; que puede resultar algo infantil, simplón e ingenuo. 


Entretenimiento más que digno, emotivo y sin pretensiones, que se ve con facilidad.


6/10


miércoles, 6 de mayo de 2015

Nido de hidalgos (Dvoryanskoe gnezdo, 1969) de Andrei Konchalovsky

Fiodor Ivánovich Lavretsky regresa a la hacienda de su propiedad después de una larga temporada en el extranjero y una vez consumado el fracaso de su matrimonio. Al poco de llegar conoce a una radiante joven, Liza, hija de su prima, y recibe la noticia de la muerte de su esposa.


Atípica película soviética que sitúa la trama en la clase aristocrática del imperio ruso, sin mencionar en ningún caso el conflicto obrero. Se trata de un romance entre Lavretsky, un hombre idealista y que lucha contra las normas de la moral aristocrática por perseguir un matrimonio con amor, y Liza, una mujer fiel a los preceptos morales aristocráticos, una belleza pura y frígida.


Nido de hidalgos transmite una visión crítica de la nobleza: lo primero que vemos es la gran mansión de Lavretsky invadida por la naturaleza, vieja y maltrecha, absorbida por la maleza y las hierbas. Luego en casi todas las escenas interiores podemos oír los sonidos de la naturaleza, recurso un tanto extraño y desconcertante que te recuerda que el tiempo y la naturaleza se cobran lo que es suyo. Además, se subraya constantemente la vida ociosa de la aristocracia, y presentan una serie de problemas que resultan bastante estúpidos para una mente materialista. La estricta moral aristocrática es la que impide a Lavretsky y a Liza ser felices juntos, una moral totalmente subjetiva y que recorta las libertades individuales. Por otro lado, se caricaturiza la nobleza con un vestuario excesivamente ostentoso y una conducta femenina y un tanto ridícula.


El absurdo del conflicto amoroso, que juega continuamente con las esperanzas y las frustraciones de ambos protagonista, ensalza la necesidad de liberarse de las cadenas de la sociedad y luchar por lo que uno quiere, en este caso el amor en el matrimonio. Se plantea también un tema muy recurrente en el arte ruso, la confrontación entre rusófilos y occidentalistas. Lavrestky expresa un amor idealizado y romántico por la patria, aunque la misma película la presente como decadente bajo el dominio de una clase social desapegada de la realidad. Mientras, los occidentalistas son representados, sobretodo, por el pretendiente de Liza, un hombre un tanto irritante y necio. París se erige como un símbolo de occidente, pero también de la depravación y el libertinaje y los occidentalistas son claramente tratados de pretenciosos. Otro tema que se insinúa levemente es la humanización de la plebe y el recuerdo al desprecio y la injusticia al que eran sometidos por la aristocracia. La madre de Lavrestky fue sirvienta, se lleva muchísimos halagos y se erige como una persona a seguir, y el mismo protagonista se siente atraído a la vida de trabajador, relativizando la supuesta inferioridad con la que los demás aristócratas los tratan.


En el apartado técnico podemos apreciar una fotografía en tono coloridos, la predominancia de escenarios naturales y el uso combinado de sonidos diegéticos naturales con música no diegética, todo ello con una vocación evidentemente esteticista y que evoca un romanticismo y un idealismo que encajan perfectamente con la trama, sus temas y su personaje principal que, todo sea dicho, es interpretado por Leonid Kulagin de una forma un tanto insípida.

En definitiva, una película profunda, técnicamente irreprochable y muy romántica. Notable.


8/10


miércoles, 5 de noviembre de 2014

La hora del lobo (Vargtimmen, 1968) de Ingmar Bergman


En una isla viven los Borg: Johan (Max von Sydow), que es pintor, y su mujer Alma (Liv Ullmann). Sus vecinos, los siniestros Von Merken, poseen un círculo de amistades tan escalofriante que Johan comienza a obsesionarse con la idea de que los demonios lo acechan...


Bergman con La hora del lobo filma la que seria su única película de terror, pero, obviamente, no cualquier película de terror, sino probablemente la mejor del “género” del terror psicológico. Y es así por que tanto la trama como el origen de lo siniestro provienen de la crisis personal por la que pasa Johan, alter ego del propio Bergman. ¿Y es que qué es más terrorífico que nuestros fantasmas interiores?

Dichos fantasmas se ven personificados en extraños personajes, vecinos de Johan y su mujer Alma, que no existen en la realidad sino en la mente del propio Johan, y también en la de Alma. Con su porte burgués y adinerado simbolizan el público y los mecenas para y por los que vive Johan, los cuales con sus repentinas apariciones incrustaran en su alma el miedo a perderlos y con ellos toda su vida al servicio del arte.


Alma, allá por el principio de la película, dice algo especialmente revelador: “¿No es cierto que las personas que han vivido una vida juntos se empiezan a parecer? Comparten tanto que su pensamientos y caras tienen la misma expresión.” Justo esto es lo que ocurre a Alma. Ella también ve a los fantasma, aunque no sean sus fantasmas. Alma comparte las mismas angustias que su marido, preocupada por él, pero la falta de comunicación entre ellos no le permite sanar el problema. El problema de las relaciones de pareja, una constante en Bergman, aparece aquí como causa y efecto de la crisis personal de Johan, sobretodo cuando Verónica Vogler, la anterior amante de Johan, entra en escena.


El talento narrativo de Bergman se pone al servicio de una tenebrosa atmósfera de la que destacan escenas como el ataque del niño a Johan o el tramo final, verdaderamente espeluznante, y no solo en sus imágenes, sino también en las retorcidas ideas que residen en ellas. El propio Bergman constata su miedo a perder a su público y lo que esto conlleva, es decir, la necesidad de destruir la propia personalidad en busca de la satisfacción del público. Esto lleva al castigo y la humillación de Johan, con clara reminiscencias autobiográficas, por haberse traicionado a si mismo al caer arrastrado por su propia debilidad.


La hora del lobo, aún con su estatus de obra poco conocida, se trata de una de las mejores películas del sueco más famoso del cine, tanto por su profundidad como por su valor técnico, así como por su innovación y experimentación, encontrando lo espeluznante en lo dramático.


9/10