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lunes, 4 de mayo de 2015

Nosferatu (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922) de F. W. Murnau

Año 1838. En la ciudad de Wisborg viven felices el joven Hutter y su mujer Ellen, hasta que el oscuro agente inmobiliario Knock decide enviar a Hutter a Transilvania para cerrar un negocio con el conde Orlok. Se trata de la venta de una finca de Wisborg, que linda con la casa de Hutter. Durante el largo viaje, Hutter pernocta en una posada, donde ojea un viejo tratado sobre vampiros que encuentra en su habitación. Una vez en el castillo, es recibido por el siniestro conde. Al día siguiente, Hutter amanece con dos pequeñas marcas en el cuello, que interpreta como picaduras de mosquito. Una vez firmado el contrato, descubre que el conde es, en realidad, un vampiro. Al verle partir hacia su nuevo hogar, Hutter teme por Ellen.


Nosferatu es una adaptación libre de Drácula, de Bram Stoker, acercando el mito a la tradición romántica alemana, al universo de Hoffmann y al expresionismo alemán. La mirada romántica de Murnau capta a la perfección lo romántico en escenarios naturales y reales; encontrando la belleza poética de bosques, montañas y mares; así como el trágico lirismo de edificaciones antediluvianas, escenario predilecto del terrorífico universo de la fantasía alemana.


Nosferatu es un ente tiránico, infinitamente malvado, pero totalmente indefinido, la sublimación del terrorífico caos que asola a los humanos, y sobretodo a la inquieta alma alemana que ha vivido tantos horrores. Pero Nosferatu es vencido por el sacrificio de Ellen, dada por una especie de caridad cristiana y por su amor por Hutter. Ellen, tras una metamorfosi personal decide sacrificarse por los demás y por Hutter. Entendiendo el expresionismo como la expresión del caos incomprensible y la maldad de lo exterior (la sociedad y la naturaleza), que produce una introspección y una búsqueda de la subjetividad y la emoción como vía de escape; Nosferatu capta a la perfección el espíritu expresionista y le da un giro optimista, pues dicha metamorfosi individual puede vencer el caos y devolver el orden al mundo, aunque eso si, con un sacrificio.


La guinda de ésta maravilla del séptimo arte la pone su apartado técnico, que es perfecto: la icónica caracterización de Nosferatu, la fotografía y los decorados naturales ya mencionados, la iluminación, etc. Nosferatu es la cumbre del expresionismo alemán y del cine de terror de todos los tiempos. Imprescindible.


10/10


martes, 28 de abril de 2015

Fausto (Faust, 1926) de F. W. Murnau

Fausto es un sabio, venerable y bondadoso anciano que estipula con Mefisto, para librar al pueblo en que habitaba de una horrenda peste que diezmaba sin que quedara familia sana. Con el tiempo Fausto se corrompe, tentado por la juventud eterna y gracias a la influencia y promesas de Mefisto quien termina traicionándolo cruelmente. Hasta que encuentra una joven llamada Gretchel, bella y cándida, y se enamora de ella. Mefisto había pactado con el arcángel que si le robaba el alma a Fausto le daría la tierra, ya que según el propio diablo, ningún hombre se resiste al mal.


Historia mítica que pretende transmitir la bondad, el amor y la divinidad prevalecen por encima de la maldad, un planteamiento del todo maniqueísta. Encima resulta contradictoria, pues Fausto traiciona continuamente su moral y solo al final se arrepiente, aunque no arregla nada, convirtiéndose en un hipócrita. Es más, el Arcángel de ésta película ni siquiera podría considerarse “el bueno”, pues permite que Mefisto juegue con la vida de miles de personas enviando una peste y haciendo de las suyas entre los mortales, y solo por una apuesta.


Técnicamente es intachable, tiene una fotografía y unos escenarios excelentes. La ciudad de Fausto recuerda a la retorcida ciudad de El Golem. Tiene una puesta en escena puramente expresionista y de las mejores. Su trama también lo es, pero eso no quita que caiga en varios fallos. Empieza muy bien, la primera secuencia con el enfrentamiento entre el Arcángel y Mefisto y la invocación de Mefisto por parte de Fausto son lo mejor del film y, incluso, de lo mejor del expresionismo. Pero luego decae muchísimo, sobretodo después de que Fausto rejuvenezca.


La trama del ligue de Fausto es insípida y muy falta de interés, aunque no tanto como la subtrama del ligue de Mefisto (que va enfundado en un traje ridículo, que parece sacado de una tienda de disfraces). Además no consigo empatizar con ningún personaje, ni siquiera con Fausto, que me parece un hipócrita. Ello me impide recuperar el interés cuando la trama avanza y hace evidente el despropósito del tramo final y de su moraleja, ya comentada al inicio de la reseña.


En definitiva, una película que aunque es técnicamente perfecta, resulta muy decepcionante.

6/10



jueves, 23 de abril de 2015

Tartufo o el hipócrita (Herr Tartüff, 1925) de F. W. Murnau

Orgón es un personaje bastante importante que ha caído bajo la influencia de Tartufo, un hipócrita beaturrón. El mediocre y ladino Tartufo exagera la devoción y llega a ser el director espiritual de Orgón. Fábula moral basada en la famosa comedia de Moliere sobre la hipocresía de un hombre que quiere adueñarse de una gran fortuna.


Tartufo es la adaptación de una de las obras más famosas de Molière, el más conocido dramaturgo francés. Murnau le añade al relato original un prólogo y un epílogo bastante inútiles. Estas dos partes del film son una trama análoga a la del relato original que trata el mismo tema solo que en la época de su realización. Probablemente fueron añadidos para subrayar la moraleja y su vigencia. Aún así me parece que sobran del todo, pues ya se entiende a la perfección con la trama central.


Destaca sobretodo por su sencillez: personajes arquetipos, trama lineal y sencilla, tema claro y anunciado explícitamente, etc. Se trata de una película con pocas pretensiones, pero que cumple con lo prometido. Lo mejor de la película es la fotografía, a cargo de Karl Freund.

Siempre es agradable ver una interpretación de Jannings, sobretodo con un personaje como Tarufo, bastante interesante y atractivo. Pero es que además comparte escena con Werner Krauss, el actor que interpretó a Caligari.


Tartufo es una película muy entretenida, pero que peca de simplona. Aún así, su fotografía y sus personajes eleva en conjunto. Es un pasatiempo excelente pero una obra menor de Murnau.

7/10



martes, 21 de abril de 2015

El doctor Mabuse (Dr. Mabuse, der Spieler, 1922) de Fritz Lang

La primera versión cinematográfica del Dr. Mabuse consta de dos partes: “El gran jugador” y “El infierno”. El doctor Mabuse es un villano que no se siente atraído por los bienes materiales, sino por el placer que le proporciona jugar con el destino de los hombres.


Mabuse es un personaje muy interesante, es un hombre excesivamente manipulador, que tiene poderes de hipnosis sobrenaturales pero que, sin embrago, esta humanizado hasta cierto punto. Su maldad es producto de un vacío espiritual y emocional que solo le permite disfrutar de la manipulación de los demás. Pero además, cuando pierde sufre y cuando gana lo celebra, algo que aunque parece obvio, la exageración de la maldad de los villanos del cine lo hace hasta raro.


El fiscal cumple con el prototipo de héroe: es honrado, trabajador y valiente. Aunque su personaje no levante demasiado interés, Lang consigue construir un duelo intelectual entre ambos protagonistas entretenidísimo y muy bien hilado, algo muy apreciable dada la complejidad de las tramas de Mabuse. Eso si, sus más de 4 horas la hacen demasiado larga. La trama se podría haber resulto más rápidamente y sin dar tantas vueltas. Por suerte, el buen hacer de Lang detrás de la cámara, el interesantísimo villano y el clímax final elevan el conjunto y evitan que el metraje obstaculice demasiado su visionado.


En el apartado técnico destaca sobretodo el montaje, especialmente en el primer acto, que fue admirado y analizado por el mismísimo Eisenstein. Tiene una fotografía excelente y a unas actuaciones de altura, sobretodo Rudolf Klein-Rogge, que parecía hecho para interpretar a Mabuse, verdaderamente hipnótico.

Película sobresaliente en casi todo, pero lastrada por su largo metraje.

8/10


sábado, 18 de abril de 2015

Las arañas 1: El lago de oro / Las arañas 2: El barco de los brillantes (Die Spinnen, 1. Teil - Der Goldene See / Die Spinnen, 2. Teil - Das Brillantenschiff, 1919-1920) de Fritz Lang

Kay Hoog es un millonario aventurero, una especie de cruce entre Phileas Fogg e Indiana Jones. En la primera parte de la serie, "Der goldene see", Hoog encuentra una botella con un mensaje que ha sido arrojada al mar por un profesor de Harvard desaparecido en Perú. A partir de aquí, se suceden las más diversas aventuras: el hallazgo de un gran tesoro de la antigua civilización inca, una organización secreta llamada "Las Arañas", dirigida por una mujer fría y calculadora, viajes en barco y globo. En la segunda parte, el aventurero Kay Hoog tendrá que enfrentarse de nuevo a la conspiración de "Las Arañas". Además, descubrirá una ciudad china subterránea, custodiada por tigres y cuya existencia nadie conoce.


En éste serial inacabado (debían ser 4 película) podemos ver a un Lang primerizo que estrenaba su tercera y cuarta película respectivamente. Ya entonces se apreciaba su gusto por lo exótico, pues no es de extrañar que traslade la acción múltiples veces y a los lugares más recónditos. Tampoco carece de cierta habilidad con el lenguaje narrativo, pues es capaz de crear tensión y hilar la trama manteniendo el interés.

Pero aún le faltaba bastante por aprender. Su fotografía no destaca casi nada, algo muy extraño en un film de Lang. Los personajes son planos y bastante pobres, los escenarios cumplen sin más y muchas veces su trama resulta excesivamente inverosímil. Se trata además de un entretenimiento puro, una historia de aventuras pasada de rosca, algo tontorrona. La primera al menos es un entretenimiento bastante digno, pero la segunda no lo consigue.


En el final de la primera película el protagonista pierde a su pareja a manos de “Las Arañas”, pero la pérdida no parece afectarle lo más mínimo y la trama sigue como si nada. El personaje busca venganza pero ni siquiera parece que le importe. Un enorme fallo de guión y de interpretación que lastra basntante la película. La trama resulta confusa y tiene menos gancho que la primera. Esta vez Lang no consigue crear tensión ni mantener demasiado el interés, fallando en su único propósito, el de entretener. Bastante floja.


Considero amabas películas sólo como una curiosidad entrañable, para curiosos del cine mudo y admiradores de Lang.

Las Arañas 1:

6/10

Las Arañas 2:

3/10


jueves, 16 de abril de 2015

Metrópolis (Metropolis, 1927) de Fritz Lang

Futuro, año 2000. En la megalópolis de Metrópolis la sociedad se divide en dos clases, los ricos que tienen el poder y los medios de producción, rodeados de lujos, espacios amplios y jardines, y los obreros, condenados a vivir en condiciones dramáticas recluidos en un gueto subterráneo, donde se encuentra el corazón industrial de la ciudad. Un día Freder (Alfred Abel), el hijo del todopoderoso Joh Fredersen (Gustav Frohlich), el hombre que controla la ciudad, descubre los duros aspectos laborales de los obreros tras enamorarse de María (Brigitte Helm), una muchacha de origen humilde, venerada por las clases bajas y que predica los buenos sentimientos y al amor. El hijo entonces advierte a su padre que los trabajadores podrían rebelarse.


Metrópolis es probablemente la película más famosa de Lang, del expresionismo alemán y tal vez del cine mudo. El robot Maria ya es un icono de la cultura popular. Pero la enorme fama que la precede queda ensombrecida por su más que evidente mensaje fascista que, no obstante, no dificulta el visionado de una película que técnicamente resulta impecable.

La película nos presenta un conflicto de clases en un mundo extremadamente polazarido, jerarquizado y desigual; una distopia que recuerda al tan conocido libro de Orwell, 1984, aunque fuera escrito más adelante. Des del principio la película si distancia de las clases populares y incluso las desprecia. Aparecen totalmente automatizadas, sin personalidad, ningún personaje de dicha clase tiene peso (excepto María, que, sin embargo, parece desconectada de su clase social y su infinita bondad y pureza le dan un aire artificial y engañoso), las multitudes son salvajes y descerebradas, se dejan influenciar por cualquiera (María o su copia infinitamente malvada), son autodestructivos, etc. Parece que quiera transmitir una imagen de inferioridad de las clases populares, las cuales necesitarían, por tanto, una clase dirigente, el “cerebro”, ya que los obreros no pueden serlo.


La revolución popular de Metrópolis está basada en las revoluciones que instigaba el comunismo, pero aquí son tergiversadas. Según la película, la revolución no es válida por que en su transcurso los obreros destruyen la fabricas y, por tanto, su propio sustento. Esto no tiene ni cabeza ni pies, ningún revolucionario abogaba por la destrucción de la tecnología y éste es un fenómeno que solo aconteció en los primero años de la Revolución Industrial. Con ésto pretende criminalizar el movimiento comunista y ponerlo en contra del progreso tecnológico, una completa falacia, como ya hizo el fascismo.


Durante la trama se repite varias veces el lema “El mediador entre el cerebro y la mano debe ser el corazón”, siendo ésta la conclusión y el mensaje del film. En la misma frase se sugiere una supuesta inferioridad de la clase obrera, la qual no puede autogestionarse. La solución basada en dicha frase y que se aplica al final de la película no soluciona nada: los burgueses siguen explotando al obrero y el mediador es un burgués hijo del mismísimo dirigente de la ciudad. Con ésta solución el bienestar de la clase obrera depende de la supuesta buena voluntad del dirigente y de las capacidades del mediador, dependen de la caridad del gobernante. Se trata de una idea ingenuosísima que lleva a la población a la resignación y favorece la jerarquización y la desigualdad. De hecho, esta solución recuerda bastante al sindicato vertical y al nepotismo que conlleva el totalitarismo.


La película tiene un tono sentimental, irracional y monumental propio del discurso fascista, pero eso también la hace bastante estimulante y entretenida. En el apartado técnico es irreprochable, tiene una fotografía magnífica, escenarios monumentales muy bien hechos y un vestuario idóneo, destacando sobretodo la icònica caracterización del robot María. En éste sentido Lang supera su anterior trabajo parecido, Los Nibelungos. Por otra parte, el actor principal creo que no está a la altura y el personaje de María sobreactua de una forma que a veces se hace ridículo aún comparándola con otras actuaciones expresionistas.


Aún con el turbio trasfondo de la película, se trata de una de las cimas del cine mudo. Por otra parte, el guión es de Thea von Harbou, de forma que no podemos responsabilizar a Lang de dicho mensaje y se merece una buena alabanza por su trabajo en el film. Es una lástima que Lang malgastara su talento y la UFA tanto dinero con una película de tan oscuro trasfondo.


7/10


sábado, 11 de abril de 2015

El último (Der Letzte Mann, 1924) de F. W. Murnau

El portero de un lujoso hotel, un anciano orgulloso de su trabajo y respetado por todos, es bruscamente degradado a mozo de los lavabos. Privado de su antiguo trabajo y del uniforme que le identifica, intenta ocultar su nueva condición, pero su vida se va desintegrando lentamente.


Murnau, bajo la influencia del Kammerspielfilm, filmó El último, película que de acuerdo con este nuevo “movimiento” es capaz de narrar toda la trama sin utilizar intertítulos, algo que volvería a repetir con Sunrise. Con ésta película Murnau se distancia del expresionismo abandonando hasta cierto punto algunos de sus preceptos. El escenario no se deforma, sino que imita la realidad, se minimiza el uso del claroscuro y no aparecen personajes siniestros ni tampoco ningún “doppelgänger” o “doble”. Por otro lado, Jannings actúa de forma errática y exagerada al estilo expresionista, escaleras, pasillos y espejos aparecen constantemente y muchos de los tópicos del expresionismo aparecen en los sueños (se deforma la puerta giratoria, se transforma a los trabajadores del hotel en seres excéntricos, se deforma la imagen y se utiliza el claroscuro).


Destaca el uso de la cámara desencadenada (así es como los alemanes llamaban la cámara móvil), recurso muy reciente que Murnau aplica a la perfección, construyendo escenas verdaderamente memorables. Por todos es conocido el talento plástico de Murnau, que supera incluso al de Lang. De recuerdo es toda la escena del sueño y, sobretodo, la de la puerta giratoria alargada sobre un fondo absolutamente oscuro en el que asoma la figura del orgulloso portero, o la de el hotel Atlantic desmoronándose sobre el mismo portero. Murnau además utiliza el encuadre para subrayar el ánimo de Jannigs, filmando desde arriba mientras se mantiene feliz y orgulloso y en picado cuando todo se le cae encima.


Jannings hace la que posiblemente sea su interpretación más recordada y Murnau construye un relato que avanza con cierta lentitud pero sin fisuras. El uso constante de símbolos (la chaqueta, el botón, el paraguas, las puertas del váter, etc.) enriquece el conjunto y le da mayor fuerza dramática a los acontecimientos, los subraya. Los símbolos, los sueños y delirios y la actuación de Jannigs sirven a la perfección para describir la psique del protagonista en todos sus matices y expresar la magnitud de su tragedia.

El último es una película sobre las apariencias y su frágil falsedad que lleva a una tragedia inevitable. Jannings se siente orgulloso y se mueve y comporta casi como un señor rico y engreído. De hecho, todo el mundo lo trata como si lo fuera, pero sólo como reacción a su propia conducta y al magnetismo de su pomposo traje. Es pobre como una rata, al igual que todos sus vecinos y su orgullo y felicidad solo se sustenta en la falsa suntuosidad de su traje. El hecho de perder su traje significa para él lo mismo que para un rico perder su fortuna, significa perder la honra, su fama, su dignidad y caer en lo más bajo de la jerarquía social. Pero con la diferencia que Jannings ya se encontraba en lo mas bajo de la jerarquía social y esa dignidad solo era un fantasma. También levanta a flote la cuestión de la dignidad y al felicidad basada en la lucha de clases y retrata el despreció de los pobres por su propia clase social mientras estos envidian a los ricos y su orgullo natural. Una pensamiento aberrante y construido socialmente y que, por desgracia, se podría decir que es intemporal.


Todo un clásico y un imprescindible del cine mudo. De lo mejor que filmó Murnau, y eso ya es mucho.


9/10


miércoles, 8 de abril de 2015

Los Nibelungos: la venganza de Krimilda (Los Nibelungos Parte II) (Die Nibelungen: Kriemhilds Rache (Die Nibelungen - Teil II), 1924) de Fritz Lang

Segunda parte de Los Nibelungos. Adaptación de una serie de leyendas germanas sobre los nibelungos, seres que habitan entre la niebla. Viuda tras la muerte de Sigfrido, Krimilda se casa con el bárbaro rey de los hunos con el propósito de ejecutar su plan de venganza.


La segunda parte de Los Nibelungos sigue e incluso potencia la ambigüedad de los personajes. Krimilda recibe todo el peso del film y se hace con el protagonismo junto con Hagen, eclipsando totalmente al rey Gunther. Krimilda, anteriormente caracterizada por su inocencia y templanza, arde en deseos de venganza, cosa que le hace perder la razón paulatinamente. Sus deseos de venganza son legítimos, pero sus métodos no lo son. Es capaz de sacrificar todo lo que sea necesario (los soldados, el castillo y, incluso, su hermano) para conseguir su venganza, lo que lleva a la consiguiente tragedia, la matanza final.


Hagen, por su lado, sigue con su actitud leal hasta el mismo final. Si, es capaz de llegar al extremo por su rey, ya sea asesinar bebés o morir en las llamas. Ni villano ni héroe, es un hombre sólido y leal a si mismo y, por consiguiente, al rey. Los hunos son lo más decepcionante del conjunto. Su caracterización raya al racismo. Son salvajes, estúpidos y malos guerreros (mueren como moscas ante unos pocos soldados). Eso sí, aunque Atila es un loco excéntrico, avece hace gala de un sentido común del que carece Krimilda.


Krimilda tal vez peca de una excesiva deshumanización. Su locura llega a tal punto que la muerte de su hijo parece no importarle. Para mi gusto se ha llevado demasiado al extremo su cambio. Por otra parte, su interpretación también es la peor, no creo que la actriz esté a la altura del papel, resulta demasiado sosa y inexpresiva, sobretodo para una película muda y que se adscriben, aunque sea parcialmente, al expresionismo alemán.


Lang consigue un clímax largo y potente, con una gran carga dramática, con ese asedio sangriento y épico. La locura de Krimilda llega a su tope, Hagen lleva a las últimas consecuencias su lealtad y Atila se venga como es debido. Probablemente (y curiosamente), Atila es el único que se comporta proporcionalmente a la ofensa recibida.


En el apartado técnico todo sigue más o menos igual que a la primera parte: fotografía impecable, escenarios monumentales pero que desentonan un poco y un vestuario que acierta solo a ratos. Para mi gusto y contradiciendo la opinión generalizada, la segunda parte supera a la primera.


7/10


martes, 7 de abril de 2015

Los Nibelungos: la muerte de Sígfrido (Los Nibelungos Parte I) (Die Nibelungen: Siegfried (Siegfrieds Tod) (Die Nibelungen - Teil I), 1924) de Fritz Lang

Adaptación de una serie de leyendas germanas sobre los nibelungos, seres que habitan entre la niebla. Narra la historia de Sigfrido, hijo de un rey, que, tras forjar una maravillosa espada y convertirse en un hábil herrero, debe volver al castillo de su padre. Sin embargo, impresionado por la historia de la bella princesa Krimilda, decide conquistarla. Abandona entonces el castillo paterno con el propósito de vencer a un dragón, cuya sangre hace invulnerable al que se baña en ella.


Contrariamente a lo que se podría pensar de una película basada en leyendas germanas, sobretodo en El cantar de los nibelungos, Los Nibeleungos no peca de maniqueísmo ni de personajes planos y tópicos. Lang hace algo muy suyo, construir personajes ambiguos. Sígfrido es fuerte, valiente, inocente y despreocupado, podría ser perfecto si no abusase de su poder y fuerza para su propio beneficio, manipulando a Brunilda en favor del rey Gunther para que éste acceda a darle la mano de Krimilda. Luego siente remordimientos, pero no duda en mantener la menira.


Ocurre lo mismo con Gunther, que aunque manipula a Brunilda su amor por ella es sincero y eso lo lleva a traicionar a Sígfrido. No le gusta ni la idea de manipular a Brunilda ni la de asesinar a Sígfrido y eso le sume en un estado casi depresivo contínuo. Hagen se lleva la palma en ambigüedad, sobretodo a partir de la segunda parte, ya que aunque aparece como el malo, su conducta obedece sólo a su lealtad extrema al rey Gunther y a su desconfianza en Sígfrido, que puede arrebatarle el feudo al rey; dos actitudes perfectamente comprensibles dada su posición.


Tras la presentación de Sígfrido y sus logros, la trama fluye de forma coherente y los personajes se complementan al la perfección para hacer avanzar la trama. Destaca por sus escenas épicas y heroicas, que salvo el combate del dragón, están muy bien llevadas. Dicho dragón, aunque en su momento seguramente fuese muy imponente, ahora resulta ridículo. Aunque a mí esos efectos especiales añejos nunca me han molestado, suelen parecerme entrañables, como es el caso. El clímax final está bien hecho, y seria casi perfecto si no fuera por la muerte repentina y inexplicada de Brunilda, introducida sólo para intensificar la carga dramática pero nada justificado.


La fotografía es impresionante, como suele ser en Lang. Consigue grabarte en la mente muchas escenas y es capaz de darle ese aire heroico y monumental que necesita. Los escenarios cumplen con ese cometido pero el uso reiterado de motivos más cercanos al arte indígena que al arte germano de la Alta Edad Media en los decorados me ha molestado bastante. Generalmente no me molesta la falta de realismo, pero creo que éste caso desentona demasiado. El vestuario también falla en algunos casos, como las ridículas trenzas infinitas de Krimilda o los cascos gigantes y ostentosos de Hagen y Brunilda.


Los Nibelungos no tiene demasiados errores o insuficiencias que lastren su visionado, pero lo cierto es que no lo he disfrutado tanto como ésta reseña parece indicar. No ha levantado del todo mi interés. Puede ser debido al personaje de Sígfrido, cuya inocencia e infantilismo me irritaba un poco. Pero tras el visionada reconozco que tal postura es un poco irracional. Tal vez es culpa del momento del visionado, dado que ha ganado con el recuerdo. Le doy una nota superior a la que le hubiese dado después de su visionado. Aunque su duración resulta un tanto excesiva, entretiene y emociona. Le debo un buen revisionado.


7/10


jueves, 2 de abril de 2015

Sombras (Schatten - Eine nächtliche Halluzination, 1923) de Arthur Robinson

Un mago experto en sombras chinescas es el encargado de amenizar una cena dada por un barón y su bella esposa. El marido, un hombre muy celoso, comenzará a enfurecerse cuando los invitados pretendan besar la "figura" de su mujer.


Sombras es una película coral que cuenta con personajes sencillos: el marido celoso, la mujer coqueta, los amigos pervertidos y el personaje predilecto del expresionismo, el personaje misterioso, extraño y siniestro, el mago experto en sombras chinescas. Ésto, lejos de suponer un problema permite hilar la historia con mayor fluidez y evitar el uso de intertítulos.

La trama avanza mediante diversos juegos de sombras que provocan malentendidos. Ésto al inicio construye una atmósfera más bien cómico, pero que acaba degenerando en un atmósfera dramática y tensa. Las sombras, como en cualquier película expresionista (y en muchas películas alemanas), expresa el destino. En éste caso las sombras son las catalizadoras del destino trágico de los personajes y expresan sus deseos inconscientes. Todos los juegos de sombras tienen que ver con impulsos subconscientes (mayormente asociados al erotismo) de los personajes. Ésto provoca una hostilidad creciente que desencadena el trágico final.


Robinson utiliza un recurso interesante y bastante raro, el falseamiento de la acción. Gran parte de la película resulta ser la representación de sombras chinescas del mago, hecho remite al cine como juego de luces. El mago les enseña a los personajes las consecuencias de dejarse llevar por los deseos y los lleva a la reconciliación y al autocontrol. Aunque el final resulte feliz y optimista, no desentona para nada con el film, de hecho, lo hace redondo.


Se trata de una película sencilla, sin demasiadas aspiraciones, pero que cumple de sobra. Destaca sobretodo en la fotografía debido al uso constante de las sombras. Película interesante, entretenida y a redescubrir.

7/10



miércoles, 1 de abril de 2015

El gabinete de las figuras de cera (Das Wachsfigurenkabinett, 1924) de Paul Leni

Cuenta la historia de un joven escritor que acepta un anuncio para escribir historias en torno a las figuras que se exponen en un gabinete de estatuas de cera expuesto en una feria. La hija del dueño, muy pronto, queda atraída por el joven empleado...


La trama se estructura en tres episodios, de la misma forma que Las tres luces, con una trama central que las une. En éste caso, los tres episodios giran entorno al escritor que redacta las historias de las figuras de cera. En ellas aparece siempre él mismo y la hija del dueño, de la cual se ha enamorado.


El primer episodio huye de lo siniestro y se caracteriza por sus elementos fantásticos y exóticos. Aunque cuenta con Emil Jannings, su actuación no es tan brillante como cabria esperar, tal vez debido a lo plano de su personaje y a la ausencia de verdadero drama. Éste episodio tiene un inusual toque cómico y juguetón, algo que resulta extraño teniendo en cuanta que tiene una ambientación expresionista. De hecho, probablemente tiene los decorados más logrados de la película, pero su estilo expresionista no encaja con la trama.


El segundo episodio cuenta con la mejor interpretación de la película, con un memorable Conrad Veidt como Iván el Terrible. Recupera lo siniestro y se acerca muchos más al estilo expresionista. Aún así se acerca más al drama que al terror, género al que se identifica tópicamente el expresionismo alemán. Se trata, de lejos, del mejor episodio de la película.


El tercer y último episodio rompe con la dinámica del film y ya no sitúa la acción en la historia que escribe el protagonista, sino en una pesadilla que tiene el escritor, que se queda dormido. Éste sueña que Jack el Destripador, el siguiente muñeco, intenta matar a su amada. Dado que se trata de un sueño, Leni utiliza un recurso muy interesante: convierte el escenario en una caos de forma y radicaliza el uso del claroscuro. Por desgracia éste último episodio es el más corto y sencillo, limitándose a filmar la persecución de Jack. Éste es interpretado por Werner Krauss, famoso por interpretar a Caligari y que luego interpretaría a Tartufo en Herr Tartüff, de Murnau, y aparecería en varia películas de Georg Wilhelm Pabst. Pero en El gabinete de las figuras de cera es totalmente desaprovechado, ya que su actuación se limita a hacer acto de presencia. Una lástima.


Aunque la película tenga casi todas las características del expresionismo, se aprecia un cierto optimismo en los finales felices y prefectos del primer y tercer episodio (el último resulta incluso un poco ñoño). El primer episodio además tiene un tono cómico, de forma que se rompe el conjunto y el film resulta engañoso y edulcorado. A diferencia de Las tres luces, no invita a reflexionar sobre nada y carece de profundidad alguna.

Entretiene pero no destaca en nada: expresionismo descafeinado, fotografía corriente, puesta en escena decente, conjunto pasable pero algo flojo.


5/10