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martes, 12 de mayo de 2015

El sueño de un hombre ridículo (Son smeshnogo cheloveka, 1992) Aleksandr Petrov

Adaptación de la novela homónima de Dostoievski que narra las experiencias de un hombre que, tras llegar a la conclusión de que su vida carece de sentido, decide suicidarse; sin embargo, un encuentro casual con una joven le hace cambiar inmediatamente de opinión.


Después de pasar por una etapa nihilista, al concebir la existencia como algo absurdo, y odiarse a si mismo por no ayudar ala niña que lo necesitaba, el hombre experimenta un sueño, o tal vez una experiencia mística que le revela la verdad. Allí ve un mundo paradisíaco, donde la gente vive en armonía, sin conflicto. El, enamorado de ese mundo, es quien acaba corrompiendolo enseñándoles a sus habitantes a mentir. La mentira engendra todos los demás males del mundo, que se corrompe y engendra egoísmo, violencia, individualismo, corrupción, violencia, etc.


Eso engendra diversos intentos para devolver la armonía a la sociedad: la religión, las leyes y la ciencia. Pero todos fracasan por culpa de la falta de cooperación, de quienes se ponen a si mismo por encima de los demás y destruyen todos sus progresos en favor de sus intereses egoístas. El nihilismo es una postura egoísta e inútil, pero necesaria para llegar a la conclusión a la que llega el protagonista, que el principio central por el que deberían moverse las personas y la sociedad es el principio cristiano de”el amor al prójimo”, persiguiendo siempre la utopía.


Estéticamente es una maravilla, el dibujo combina el expresionismo con un estilo goyesco, además de unos toques de surrealismo y abstracción (casi obligados teniendo en cuenta que se trata de un monólogo interior vertebrado por un sueño). El monólogo interior es un estlo literario que encaja muy bien con el cine de animación y es capaz de expresarlo en imágenes como no podría una película de imagen real. La película enseguida capta al espectador y lo absorbe, resulta emotiva y desgarradora, una verdadera maravilla.


10/10


martes, 24 de marzo de 2015

El cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no Monogatari, 2013) de Isao Takahata

Basada en un cuento popular japonés anónimo del siglo IX, "El cortador de bambú". La historia comienza cuando una pareja de ancianos campesinos encuentran a una niña diminuta dentro de una planta de bambú, y deciden adoptarla como si fuera su hija. Convertida rápidamente en una hermosa mujer, es pretendida por muchos hombres, incluido el emperador.


El cuento de la princesa Kaguya es una de las obras cumbres del Estudio Ghibli, se trata de una de las películas más bellas del cine de animación, tanto en lo visual como en lo estrictamente argumental. Esto se debe a su peculiar estilo pictórico y la buena mano que tiene Takahata (así como el resto de cineastas de Ghibli) para tocar la fibra sensible y emocionar.

Kaguya, que un su cuento original era una explicación mitológica a las erupciones del monte Fuji, Takahata excluye la parte final del cuento para convertir la película en una alegoría del ciclo de la vida que, dicho sea de paso, muestra una visión de la vida bastante pesimista. La infancia de Kaguya es su etapa de la vida más feliz. Vive en armonía con la naturaleza y es libre de hacer lo que quiera en un ambiente informal y desenfadado con su grupo de amigos. Pero cuando empieza a madurar y sus padres deciden que Kaguya se convierta en una princesa, éstos la sumen en un mundo que no le es grato.


Las normas sociales y de conducta que cobran importancia con la madurez limitan las posibilidades de Kaguya de ser feliz, limitan su libertad para actuar y vivir tal como quiere y la separan de quiénes más aprecia después de sus padres. El hecho de que Kaguya viva para los demás (concretamente sus padres) y no para sí misma es lo que la hace infeliz. Sus padres no comprenden del todo lo que la hará feliz y ella no es capaz de desobedecerlos. Ésto la lleva a refugiarse en un mundo de fantasía, en su pasado, reproducido en miniatura en su jardín. Pero se trata de un mundo falso que sólo funciona como un placebo. Su felicidad proviene solamente de algo falso y momentáneo.


Lo único que Kaguya aprecia de este nuevo mundo es su familia y dado que casarse supondría abandonarlos, decide rechazar a toda costa a aquellos pretendientes que no la amen realmente. Pero las normas sociales de la época impiden que los pretendientes tengan contacto antes de la boda, de forma que ninguno de ellos conoce realmente a Kaguya y, por consiguiente, no pueden amarla. Finalmente, con esa demanda de auxilio a la luna se cierra el ciclo de la vida, quedando la infancia como el momento cumbre y siendo la madurez y la vida adulta una decepción tras otra. La propia sociedad y sus normas represivas cortan la libertad de las personas de ser feliz, convirtiendo la felicidad en algo intangible, propio sólo de la fantasía.


El cuento de la princesa Kaguya tiene numeroso momentos para el recuerdo, muchos de ellos muy emotivos, como la huida de Kaguya a su hogar de origen o el final, entre otros. Se trata de un Carpe diem bien hecho, emotiva y expresiva como pocas películas.


9/10


viernes, 6 de febrero de 2015

El viento se levanta (Kaze tachinu, 2013) de Hayao Miyazaki

Jiro, que sueña con volar y diseñar hermosos aviones, se inspira en el famoso diseñador aeronáutico italiano Caproni. Corto de vista desde niño y por ello incapaz de volar, se une a la división aeronáutica de una compañía de ingeniería en 1927. Su genio pronto es reconocido y se convierte en uno de los más prestigiosos diseñadores aeronáuticos. Film biográfico que recrea hechos históricos que marcaron su vida, como el terremoto de Kanto de 1923, la Gran Depresión, la epidemia de tuberculosis y la entrada de Japón en la Segunda Guerra Mundial.


Cualquiera que conozca la obra de Hayao Miyazaki reconocerá en ella su pasión por la aviación, con Porco Rosso o Nausicaä del valle del viento como exponentes más evidentes. No es de extrañar pues que decide terminar su obra con un homenaje a uno de los ingenieros aeronáuticos más importantes de la historia, y probablemente el más importante de Japón.

El viento se levanta empieza con fuerza con una larga secuencia onírica en la que Miyazaki despliega todo su poderío visual. Durante todo el film aparecerán multitud de escenas oníricas, muchas veces combinadas con escenas reales, siendo estas secuencias las mas potentes de la película. Tras la introducción del personaje, su afición por la aviación y su admiración por el ingeniero aeronáutico italiano Caproni mediante el susodicho sueño, se produce una de las escenas más potentes del film, el terremoto de Kanto de 1923. Este prometedor inicio se diluye cuando observamos que pasa por el incidente de pies puntillas, sin profundizar en él, como ocurrirá con los diversos acontecimientos históricos que aparecen durante todo el metraje, que llega hasta la entrada de Japón en la Segunda Guerra Mundial.


A partir de este momento y hasta el final la trama avanza de forma irregular, resultando incluso excesivamente larga, aunque solo dure dos horas. Esta falta de ritmo no llega a ser un problema importante, pero se ve agravado por un final abrupto. Además, aunque se trata de una película dirigida a público adulto, utiliza un humor y unos diálogos bastante infantiles. Cabe decir que no esta dirigida ni a adultos ni a niños, sino más bien a adultos que no quieren crecer. Aún así, la película sale airosa gracias a sus portentosas escenas oníricas y su poderío visual, que reluce en todas las escenas del film.


En cuanto al discurso del film, Miyazaki recurre al ya manido tema de la persecución de los sueños, tema obvio y casi obligado dada la trama del film, pero que refuerza el infantilismo del que hace gala. Además, no profundiza en los hechos históricos ni tampoco en la ética del diseño de cazas para la guerra o la entrada de Japón en una guerra a todas luces inútil. El mensaje pacifista en el que Miyazaki se suele atener resulta ambiguo.


Con todo, El viento se levanta resulta inspiradora y llega a emocionar, sobretodo gracias a la trama secundaria de Jiro y su mujer enferma (que no ocurrió en la vida real), que aunque resulta un poco forzada y melodramática, a mi no me llegó a molestar, de hecho me gusto bastante y creo que su ausencia habría propiciado un film frio y distante. Entre la mediocridad y la genialidad Miyazaki nos ha regalado un film interesante, entretenido, visualmente potente pero irregular.


7/10