miércoles, 11 de marzo de 2015

De la mañana a la medianoche (Von morgens bis Mitternacht, 1922) de Karl Heinz Martin

El cajero de un banco en una pequeña ciudad alemana se deja seducir por el poder del dinero debido a la visita de una rica dama italiana. Desfalca 60.000 marcos y se marcha a la capital, donde intenta encontrar placer en el amor, la política, el deporte y la religión...


De la mañana a la medianoche es una de las películas que sigue más de cerca las convenciones de expresionismo junto con Caligari. Utiliza también escenarios totalmente deformados, con estructuras siniestra e irreales que nos evoca una excitación y una tensión constantes. Sin embargo, el uso continuado de fondos totalmente negros, un diseño de decorados menos inspirado y la no coloración de los fotogramas creo que pone la vertiente artística muy por debajo de Caligari y no llega para nada a sus cotas de genialidad.


Los personajes, como en Caligari, sobreactuan de forma errática y expresiva o deambulan como fantasmas en un mundo decadente, interpretaciones perfectas para el film expresionista. Los elementos fantásticos aquí están mucho menos presentes y se adecua más a la realidad relatando un historia sobre la avaricia y el poder destructivo del dinero. En este sentido la película peca de ser un poco simplona y de jugar su mejor baza en su estilo expresionista puro pero que, como ya he dicho, no llega a aprovechar del todo.


El film se sigue con interés aunque el tiempo la haya tratado un poco mal y la haya situado a un segundo plano respecto los otros grandes films del expresionismo alemán. Resulta curioso y interesante su forma de captar el expresionismo y resulta innovadora al utilizar lentes deformadoras para filmar una carrera de bicicletas, dándole sensación de velocidad y a la vez deformando la escena hacia lo siniestro e irreal.

En definitiva, una película interesante y original para todo aquel apasionado de la historia del cine, del cine mudo y más concretamente del expresionismo alemán.


6/10


martes, 10 de marzo de 2015

El mago de Oz (The Wizard of Oz, 1939) de Victor Fleming

Dorothy, que sueña con viajar "más allá del arco iris", ve su deseo hecho realidad cuando un tornado se la lleva con su perrito al mundo de Oz. Pero la aventura sólo acaba de comenzar: tras ofender a la Malvada Bruja del Oeste (Margaret Hamilton), aconsejada por la Bruja Buena del Norte (Billie Burke), la niña se dirige por el Camino Amarillo hacia la Ciudad Esmeralda, donde vive el todopoderoso Mago de Oz, que puede ayudarla a regresar a Kansas. Durante el viaje, se hace amiga del Espantapájaros (Ray Bolger), el Hombre de Hojalata (Jack Haley) y el León Cobarde (Bert Lahr). El Espantapájaros desea un cerebro, el Hombre de Hojalata quiere un corazón, y el León, el coraje que le falta; convencidos de que el Mago también les puede ayudar a ellos, deciden unirse a Dorothy en su odisea hasta la Ciudad Esmeralda.


El mago de Oz me ha parecido una de las películas más estúpidas, cursis y infantiloides que he visto. Si, es una película infantil, pero está tan cargada de optimismo, inocencia y buenas intenciones que resulta cargante e irritante. Los escenarios y los sobreactuadísimos personajes son una perfecta muestra de ello. Puede que guste a los niños, pero si no fue la película de tu infancia creo que la buena experiencia no se volverá a repetir. Además, me gustan muy pocos musicales y este no ha sido una excepción.


La película tiene varios mensajes. Primero, no se está en ningún lugar como en casa y hay que querer y respetar a nuestros amigos y familiares. Tópico pero bien. Segundo, todos tenemos que madurar y arreglar nuestros problemas por nosotros mismos utilizando el cerebro, el corazón y la valentía. Éste estaría bien si no fuera porque Dorothy en ningún momento resuelve nada por sí misma, todo lo que soluciona o lo hace por suerte o lo hace sólo gracias a otra persona. Se trata de un personaje enormemente pasivo que se pasa la película quejándose y lloriqueando que no evoluciona en ningún momento, nunca vemos esa supuesta madurez, al final sigue siendo el mismo irritante personaje del principio. I tercero, el mejor lugar es el mundo real y no hay que refugiarse en un mundo de fantasía. Esto estaria bien si no fuera que la misma realidad parece un mundo de fantasia perfecto. Se supone que la trama se situa en la Gran Depresión en Kansas y que la granja es parcialmente destruida por un tornado. Nada de éste drama se refleja en la película, aunque sea sutilmente. Parece que todos ellos vivan en el país de la piruleta. ¿Entonces para qué querer viajar a un mundo de fantasía si ya se vive en él?


Tengo que mencionar también que el problema del perro y la vecina no se soluciona nunca, aunque parece que al final ya nadie se acuerda ni le importa. Un fallo de guión bastante grave. En resumen, tonta, cursi, infantiloide, engañosa y moralmente reprobable. No me parece que a los niños se les tenga que transmitir la idea de un mundo tan rematadamente perfecto, inocente, lleno de buenas intenciones y golpes de suerte que hacen vencer siempre al bueno sin que este haga nada.


3/10


jueves, 5 de marzo de 2015

El gabinete del doctor Caligari (Das Kabinett des Dr. Caligari, 1920) de Robert Wiene

Sentado en un banco de un parque, Francis anima a su compañero Alan para que vayan a Holstenwall, una ciudad del norte de Alemania, a ver el espectáculo ambulante del doctor Caligari. Un empleado municipal que le niega al doctor el permiso para actuar, aparece asesinado al día siguiente. Francis y Alan acuden a ver al doctor Caligari y a Cesare, su ayudante sonámbulo, que le anuncia a Alan su porvenir: vivirá hasta el amanecer.


El gabinete del doctor Caligari es una película irremediablemente atada a su tiempo. Capta a la perfección el turbio momento por el que pasaba Alemania, rota y humillado tras la Primera Guerra Mundial. El pesimismo y los miedos de los alemanes queda retratado en los imposibles ángulos de casa, calles y objetos. Ese país tan contradictorio, lleno de grandes científicos y filósofos, pero también de grandes artistas románticos, no pudo más que dejarse llevarse por la irracionalidad. Esos decorados imposibles y esa trama llena de ensoñaciones y magia no podría mostrarlo mejor.


Dicho lo dicho, no resulta para nada sorprendente que el malo sea un científico loco. Tampoco lo es el hecho que toda la trama transcurra durante un sueño. Esto último le da un toque enrevesado y compleja, añade una nueva dimensión a la historia y la hace mucho más original que cualquier otra película muda del momento. I no sólo por eso, sino porque se trata de la primera película expresionista y tal vez la más pura.


Los decorados totalmente deformados, en formas geométricas imposibles, formando angostos pasillos, añadiendo cierta profundidad de campo y efectos de luz mediante los colores del decorado, etc. Todo en ello esta trabajado para crear una sensación de tensión, excitación perpetua, e incluso claustrofobia, en algunos decorados en que parece que las paredes se nos echan encima. Estos decorados jamás han sido superados ni eficazmente imitados.


La trama puede verse como una advertencia sobre el poder de la autoridad social, y una premonición del nazismo. Caligari tiene la capacidad de que Cesare lleve a cabo cualquier crimen que se le pase por la cabeza con solo ordenarlo, al igual que Hitler cuándo alcanzo el poder. Además, él mismo consigue a Cesare gracias a haber llegado a director de un manicomio fingiendo estar cuerdo.

Caligari es un clásico imperecedero, original y nunca superado en su propio estilo.


10/10


miércoles, 4 de marzo de 2015

Hannah y sus hermanas (Hannah and her sisters, 1986) de Woody Allen

Tres hermanas de caracteres muy diferentes mantienen entre sí una estrecha relación. La mayor, Hannah, la que tiene un carácter más fuerte, está casada con un rico empresario y su vida parece equilibrada, perfecta. Actriz de éxito, esposa y madre ejemplar, se ha convertido en el centro de gravedad de toda la familia. Holly, la segunda, sensible e inestable, sueña con ser actriz. Lee, la pequeña, es una ex-alcohólica que vive con un pintor minimalista mucho mayor que ella. Mucho menos afortunadas que Hannah, suelen recurrir a ella cuando necesitan consejo o tienen problemas económicos. Pero esta situación comienza a tambalearse cuando Elliot, el marido de Hannah, se enamora de Lee.


Aunque el título pueda llevar a engaño, Hannah no es la protagonista del film, sino que se trata de un film coral en el que Hannah ni siquiera es uno de los personajes protagónicos, sino que sirve de enlace con el resto de magnífico plantel. La trama se estructura mediante diversas subtramas protagonizadas por Elliot, el marido de Hannah, sus dos hermanas y su exmarido. Todos ellos son personajes coherentes, bien definidos, humanos y entrañables. Sus motivaciones van cambiando según avanza el metraje, siendo el amor casi siempre el objetivo central.


Pero el amor es impredecible, a algunos les llegará sin que lo busquen y a otros se les escapará cuando más lo necesitan. Esa imprevisibilidad omnipresente se ejemplifica perfectamente con David, el hombre que pretende seducir Holly al principio. Primeo parece que sólo se interesa por su amiga, luego cuando volvemos a su trama Holly está con David en una cita. Creemos que al final se quedará con él pero cuando volvemos a su trama, David parece que a perdido interés por ella y finalmente ha elegido a su amiga.


El hipocondríaco Mike, eterno personaje de Woody Allen, se enfrenta al miedo a la muerte cuándo cree que tiene un tumor. Pero cuándo se entera que realmente no va morir, decide buscar el sentido de la vida en las religiones. Esta subtrama sirve como principal contrapunto humorístico. El humor, presente de forma sutil y continua, está mezclando armoniosamente con el drama y el romance, una armonía parecida a la que alcanza Mike al final de la película, abandonando sus preocupaciones gracias al humor y el amor.


Allen filma como nadie las calles de Nueva York y pocos como él saben elegir la banda sonora. Allen, con su buen hacer, nos mete de lleno en esas historias tan humanos y entrañables, capta el amor y la belleza de la vida con naturalidad y ligereza. Hannah y sus hermanas es una verdadera maravilla.


10/10


martes, 3 de marzo de 2015

Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) (Birdman or [The Unexpected Virtue of Ignorance], 2014) de Alejandro González Iñárritu

Después de hacerse famoso interpretando en el cine a un célebre superhéroe, la estrella Riggan Thomson (Michael Keaton) trata de darle un nuevo rumbo a su vida, luchando contra su ego, recuperando a su familia y preparándose para el estreno de una obra teatral en Broadway que le reafirme en su prestigio profesional como actor.


Mediante unos personajes memorables, perfectamente definidos y interpretados Iñarritu relata una lucha de egos por el éxito y el reconocimiento profesional y artístico. Keaton interpreta a la estrella venida a menos que quiere recuperar el prestigio haciendo “verdadero arte”, Edward Norton al actor talentoso pero prepotente, insoportable y con ansias de control, la crítica teatral pretenciosa y amargada que odia todo lo que suene a espectáculo o celebridad, Naomi Watts como la joven actriz que obtiene una oportunidad en Broadway, etc. Aunque pueden parecer algo tópicos, están perfectamente definidos y son perfectos para captar la esencia del turbio mundo del teatro y el cine.

Riggan se cree un actor talentoso y desaprovechado y pretende demostrar todo lo que sabe hacer. Aunque su autoestima no pasa por su mejor momento, no por ello su ego decae, pues se cree un incomprendido y Iñárritu lo simboliza con unos supuestos superpoderes que solo el puede ver y que nos recuerda que el fantasma de Birdman aún ronda la mente de Riggan y, a la vez, que ésta es especialmente frágil. Es increíble lo mucho que muestra Iñárritu con tan poco, pues todo lo dicho aparece en la secuencia inicial. Efectivamente, Riggan aún tiene a Birdman en la cabeza, que le recuerda continuamente sus dudas sobre el proyecto que tiene entre manos y le insta a dejarlo para volver al cine de espectáculo.


Mientras tiene que lidiar con el mundo del teatro, que le es hostil. Primero Iñárritu lo escenifica mediante el personaje de Norton, actor talentoso y prestigioso que por ello se ve legitimado para despreciar el trabajo de otros y adueñarse de él, como intenta hacer con la obra de Riggan. En segundo lugar, la crítica más prestigiosa de Nueva York, que odia el mundo del “cine-espectáculo” y cree que el teatro se ha mantenido alejado de esa “lacra”, y por ello pretende destruir la obra de Riggan y todo lo que ella representa para “mantener a salvo” el teatro. Las debilidades y contradicciones de ambos personajes quedan perfectamente retratadas: Mike resulta un hombre vacío que sólo es capaz de vivir mediante el teatro y la crítica al final sucumbe ante un “truco vanguardista” que está más cerca del espectáculo que del verdadero arte, revelando su falta de criterio.


La dimensión más íntima de Riggan es, a mi parecer, la peor llevada, pues sólo nos muestra su fracaso como padre a través de su hija ex-drogadicta y nos recuerda de forma un tanto vaga su fracaso matrimonial. Riggan abandonó su tarea de padre, al igual que Iñárritu abandona esta dimensión suya.

Todos estos conflictos exteriores y interiores, junto con el azar, parecen conspirar contra Riggan para dejarlo caer al más oscuro de los abismos, para que se rinda y deje sus pretensiones, en una escena que, todo sea dicho, me parece de las menos inspiradas de la película (me refiero a la escena en que Riggan se cree otra vez Birdman). La clausura del conflicto, sea intencionada o azarosa, constituye una potente crítica tanto al “arte” cómo al “espectáculo”.


No es una coincidencia que Iñárritu escogiera a Keaton y a Norton para sus respectivos papeles, y eso le añade una nueva dimensión a la película que resulta curiosa y efectiva, uniendo realidad con ficción. El tono tragicómico del film la va como un guante y la labor de Emmanuel Lubezki es memorable. Filmar una película a en planos tan largos y a la vez demostrar ese enorme talento visual que tiene es una verdadera proeza. Eso sí, salvo por captar los nervios y la tensión de los días antes al estreno, el recurso no es especialmente útil ni tiene razón de ser. Estoy seguro que muchas escenas podría resolverse mejor con planos más cortos.

En definitiva, un película casi redonda y perfectamente ejecutada y interpretada.


9/10


lunes, 2 de marzo de 2015

Boyhood (ídem, 2014) de Richard Linklater

Drama filmado a lo largo de 12 años (2002-2013) pero únicamente en 39 días de rodaje. Es la historia de Mason (Ellar Coltrane) desde los seis años y durante una década poblada de cambios: mudanzas y controversias, relaciones que se tambalean, bodas, diferentes colegios, primeros amores, también desilusiones, momentos maravillosos, de miedo y de una constante mezcla de desgarro y sorpresa. Un viaje íntimo y épico por la euforia de la niñez, los sísmicos cambios de una familia moderna y el paso del tiempo.


Boyhood no utiliza una trama al uso sino que utiliza uno personajes relativamente pasivos que se mueven según los cambios que acontecen en sus vidas, normalmente los más significativos o los que mejor describen el fluir de su vida. En este sentido la película funciona a la perfección, es capaz de captar a la perfección el paso del tiempo de forma fluida y verosímil. Todo en Boyhood se utiliza para captar la realidad, no utiliza efectismos dramáticos ni abusa de la música, que suele ser diegética.


A parte del envejecimiento de los actores, Linklater también ilustra el paso del tiempo mediante canciones, películas, libros y acontecimientos que marcaron su tiempo y te sitúa en un contexto histórico que todos conocemos y no hace recordar y revivir momentos del pasado. El singular recurso de Boyhood y la buena mano Linklater le da un toque especial a la película, resulta siempre conmovedora e interesante. A pesar de su larga duración la película no se hace para nada larga.


Como retrato de la madurez y el paso del tiempo funciona a la perfección (ver pasar 12 años de vida en casi 3 horas de forma fluida resulta extraordinario y a la vez sobrecogedor). Pero resulta algo decepcionante que un proyecto tan ambicioso se quedara en una pequeña reflexión sobre la fugacidad de la vida y el tiempo y la necesidad de atraparlo en todo momento, de vivir el presente. Un carpe diem en toda regla.

La película no hace alarde de un talento visual especial, lo que no es ni un defecto ni una virtud. A la vez lo hecho de menos y a la vez me parece lo más correcto teniendo en cuenta el afán de realismo que busca su autor. Destacaría sobretodo la labor de Ethan Hawke y Patricia Arquette, que están geniales. Arquette incluso llega a adueñarse de la trama y no habrá pocos que se quedarán mas con ella y verán en Boyhood una película sobre esa madre sufrida. Por otro lado, Ellar Coltrane y Lorelei Linklater están perfectos al inicio pero van perdiendo fuelle con el tiempo. Al final del recorrido sus personajes resultan un tanto sosos y poco inspirados.


En resumen, una película emotiva, curiosa, bien conseguida pero un tanto desaprovechada.

8/10


domingo, 1 de marzo de 2015

La diligencia (Stagecoach, 1939) de John Ford

Personajes muy variopintos emprenden un largo, duro y peligroso viaje en diligencia a través de territorio apache. Entre ellos, un fuera de la ley en busca de venganza, una prostituta a la que han echado del pueblo, un jugador, un médico, la mujer embarazada de un militar, un sheriff. Las relaciones entre ellos serán difíciles y tensas.


Se dice que Stagecoach fue la película que rejuveneció el western en un momento en que había pasado de moda y que Orson Welles la vio muchísimas veces antes de filmar Citizen Kane. Con ella John Wayne se convirtió en una estrella. Se trata, de hecho, del primer gran clásico del western sonoro.


El elenco de personajes resulta ahora bastante tópico: la prostituta de buen corazón, el borracho entrañable, el delincuente honrado, el banquero malvado, el caballero pícaro, la dama, el sheriff justo y el bufón del grupo. Pero Ford define todos los objetivos de los personajes y los redime al final, cada uno con su final “perfecto”.

En el grupo de viajantes se forman dos subgrupos confrontados: los marginados, conformados por la prostituta, el doctor borracho y el delincuente; y los de clase alta, formados por el banquero, la dama y su caballero protector. La tensión intergrupal provocada por los prejuicios se ve agravada por el miedo a un inminente ataque de los apaches, que casi nunca vemos pero sabemos que están ahí. De esta forma John Ford construye una atmósfera tensa que recuerda más al western crepuscular que al más clásico.


La trama se va desarrollando en cada una de las sucesivas paradas, y se utilizan los viajes para perfilar a los personajes y sus relaciones. El grupo de marginados se redime demostrando su valía: el doctor ayuda a la dama a dar a luz y demuestra su capacidad como profesional, la prostituta ayuda sin descanso a cuidar de la recién nacida demostrando su bondad y el delincuente se enfrenta al peligro con más valor que nadie. Mientras, el otro subgrupo va abandonando sus prejuicios y demuestran su humanidad.

En la escena del ataque apache, muy bien rodada y especialmente trepidante, el caballero protector de la dama demuestra su valor defendiendo la diligencia hasta la muerte y demostrando su compasión en una escena en que está a punto de asesinar a la mujer para que no sea capturada. En ese momento Ford hace un interesante truco técnico solapando la música no diegética con la diegética para unir la banda sonora con las trompetas de los soldados que vienen en su ayuda y así sorprendernos al último momento. Mientras el caballero apunta a la mujer, se oyen las trompetas, creemos que es la música, hasta que el hombre tira el arma y la mujer grita: “¿Habéis oído eso?”.


El único personaje que no evoluciona es el banquero, personaje que peca de maniqueo y resulta excesivamente malvado. Al final es arrestado y puesto en prisión como justo castigo. No sólo ésta, todas las tramas acaban lo mejor posible: la dama se reencuentra con su marido, el joven fugitivo consigue su venganza y se casa con la prostituta y se van a vivir a su rancho al otro lado de la frontera. A esto contribuye el sheriff, que hace la vista gorda a favor de lo que cree justo más allá de las leyes del país.

En efecto, Stagecoach tiene uno de esos “happy end” a la americana. Peca de optimista y bienintencionada, pero en vez de resultar molesto se nos hace entrañable e inocente y nos da la sensación de que todo a quedado atado y bien atado.


En el apartado técnico destaca la fotografía, que utiliza por primera vez planos con mucha profundidad de plano, algo muy poco frecuente en ese entonce y que Welles aprovecharía y erigiría como una de sus señas de identidad.

En definitiva, un clásico muy entretenido, redondo y entrañable.


8/10