miércoles, 27 de mayo de 2015

Amor bajo el espino blanco (Shan zha shu zhi lian, 2010) de Zhang Yimou

Amor bajo el espino blanco” nos cuenta la historia de Jing, una colegiala ingenua de la ciudad que debe trasladarse a un remoto pueblo en la montaña para su “reeducación” durante la Revolución Cultural. Su padre ha sido encarcelado por “derechista” y su madre lucha para alimentar a sus tres hijos. Jing sabe que tanto su futuro como el bienestar de su familia dependen de su buen comportamiento en opinión de las autoridades. Bastaría con un error para arruinar sus vidas. Pero su prudente y tranquila existencia se ve trastocada cuando se enamora de Sun, el encantador hijo de un militar de élite. Debido a la diferencia social que les separa, un romance entre ellos es impensable; más aún, peligroso. Pero la atracción es mutua, poderosa e innegable. Jing intenta resistirse, pero Sun la persigue, incluso después de que la chica regrese a la ciudad. El amor entre ambos florece; es un amor puro, apasionado y secreto. Nadie debe enterarse, y menos aún la madre de Jing. De pronto, Sun desaparece. Cuando vuelve, Jing se da cuenta de que algo ha cambiado. Deberá revisar sus ideas acerca del amor, el honor y la lealtad antes de decidir en lo que cree realmente. La vida de ambos nunca volverá a ser la misma.


El escenario histórico y político de la película solo sirve de contexto, Yimou profiere distanciarse del discurso político y se limita a describir los defectos y problemas que generó la Revolución Cultural. Yimou prefiere filmar una película intimista y retratar un amor puro y inocente que resiste todas las adversidades.

Aunque el tema resulte bastante tópico, el saber hacer de Yimou ensalza el conjunto. El estilo de Zhang es pausado y delicado, no cae en efectismos ni en pirotecnia, no necesita diálogos para captar los pensamientos y los sentimientos, sino que se vale de miradas, gestos y silencios.


Gracias a ello hace creíble y auténtico una relación tan pura, de otra manera caería en el ridículo. Capta a la perfección ese amor perfecto, inocente y sincero; y convierte la película en un poético elogio al amor verdadero.


Una delicia que para algunos puede resultar demasiado azucarada y ñoña, pero para mi no.


8/10


lunes, 25 de mayo de 2015

El bosque del luto (Mogari no mori, 2007) de Naomi Kawase

Shigeki vive en una pequeña residencia de ancianos. Allí se siente a gusto y feliz con los demás residentes y con el personal que les atiende. Machiko, una trabajadora social que pertenece a dicho equipo, le presta especial atención, aunque en su interior le atormenta la pérdida de un hijo. Para celebrar el cumpleaños de Shigeki, Machiko decide llevarle a dar un paseo en coche por el campo. Pero el coche se queda parado en la cuneta. El anciano se interna con decisión en el bosque, y Machiko no tiene más remedio que acompañarle...


Kawase no propone un viaje espiritual en busca de la vida perdida: dos personajes que se sienten desconectado del mundo por el dolor, que no viven, sino que sobreviven, deciden plantar cara a su pasado y recuperar la paz interior y la a armonía con el mundo. Como les dice un monje al principio, la vida no solo es ser, sino sentir. Entonces empieza el viaje a través del bosque que sirve como metáfora de ese viaje espiritual.

Shigeki solo es capaz de lanzarse a ese viaje espiritual en compañía de alguien que, como él, esté sufriendo por su pasado y con quien haya establecido un lazo íntimo. Esa persona es Machiko, y ambos van a necesitarse para llegar hasta el final. Por el camino deben aprender a saborear la vida y el mundo, y la saborearán, como hacen con la sandía.


También tendrán que resistir fuerzas superiores que vienen del exterior que los frenarán y cortarán el paso (como la inundación). Necesitaran valentía y cooperación. Cada un tiene que cuidar del otro, y deben establecer un lazo íntimo que supere las líneas de los tabús y los convencionalismo sociales (como ocurre durante la noche). La excelente escena final constituye una metáfora que condensa toda la película: hace falta cavar en la tumba de nuestros muertos para escapar y recuperar la armonía con la vida y el mundo.
No es accidental el uso reiterado de la cámara en mano. Kawase pretende ponernos al lado de los protagonista, poner énfasis en la subjetividad de su mirada y hacernos seguir el camino como un caminante más. La fotografía es a ratos excelente, a ratos algo mareante. La banda sonora está llena de lirismo gracias al uso continuado de los sonidos de la naturaleza y su bella música que recuerda a la de las cajas de música, como la que suena al final.


Toda una experiencia, llena de sensibilidad y espiritualidad, pero que puede hacerse algo tediosa. La verdad es que gana muchísimo con el recuerdo. Una delicia.


9/10


miércoles, 20 de mayo de 2015

De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni naru, 2013) de Hirokazu Koreeda

Ryoata, un arquitecto obsesionado por el éxito profesional, vive felizmente con su esposa y su hijo de seis años; pero su mundo se viene abajo cuando los responsables del hospital donde nació su hijo le comunican que, debido a una confusión, el niño fue cambiado por otro.


Emotiva película sobre la relación padre-hijo y los nuevos valores que dominan el pensamiento y el modo de vida del mundo moderno. El protagonista absoluto es Ryoda, un hombre rico, inteligente y trabajador incansable que no tiene tiempo para su familia. Ryoda tiene unos valores firmes y claros, valora sobre todas las cosas la independencia, el conocimiento, el trabajo, la inteligencia, la madurez, la seriedad, la competitividad y la riqueza como fin último y valor máximo. Todos estos valores le serán cuestionados cuando conozca la familia que acoge a su hijo biológico.


Ryoda pretende transmitir todos sus valores a su hijo ya desde su infancia, lo que lo convierte en un padre estricto además de ausente. Por ello, nunca consigue un verdadero lazo con su hijo. Se trata de un hombre deshumanizado, sus valores pasan por encima de los sentimientos de todos los demás, al igual que su trabajo pasa por encima de sus seres queridos. Se cree superior por ser rico y trabajador, y cree que eso le da derecho a criar a los dos niños a su manera, pues se cree el portador de toda la verdad y necesita demostrar su superioridad en todo.


Pero Ryoda recibe una bofetada, pues reconoce que es peor padre que un hombre que resulta un perdedor incapaz de competir con él. Ryoda reconoce que no tiene un verdadero lazo con su hijo, y que este parece estar más feliz y en sintonía con la otra familia.

El conflicto de valores que sufre el padre nos enseña a valorar mucho más los lazos familiares y las amistades, por encima de todo los demás, que son valores prefabricados por una sociedad caníbal que prima el valor económica por el emocional, social o moral, y que con ello encumbra valores destructivos para la persona y su entorno.


La película tiene un ritmo pausado amenizado con una emotiva banda sonora a piano y está ilustrada en tonos neutros y apagados. Su fotografía es bastante buena, pero su música es exquisita.

Película emotiva, dura pero dulce, que fluye con reposo y se deja madurar en nuestras mentes. Una humilde delicia.


8/10


lunes, 18 de mayo de 2015

La diabólicas (Les diaboliques, 1955) de H.G. Clouzot

El director de un colegio, el señor Delasalle, convive con su esposa y su amante, la profesora Horner. Pero las dos mujeres, cansadas de sufrir la constante tiranía y malos tratos del hombre que comparten, deciden que esa situación no puede continuar...


Sugestivo y áspero thriller de Clouzot, conocido como el Hitchocock, una de sus películas más famosas. Las diabólicas destaca por su atmósfera enrarecida, conseguida gracias a la ausencia de música y a la fotografía en tonos claros, construyendo un estilo pictórico y sonoro ascético que recuerda al cine de Dreyer. Además se trata de una película bastante desesperanzadora: el conflicto moral de la mujer del director, la amoralidad de la amante, el despreciable carácter y amoralidad del director; todos los personajes están corrompidos moralmente.


La atmósfera enrarecida conjuga a la perfección con la trama, bastante escalofriante, que no utiliza una narración ilimitada, como solía hacer Hitchcock, sino que la limita a uno de los personajes, creando suspense a partir del desconocimiento. Eso si, aún con una narración ilimitada, la trama resulta algo predecible, pues no deja nada sin hilar ni a la espontaneidad, y se puede intuir la sorpresa final gracias a la diferencia de protagonismo de los personajes y a su personalidad perfectamente definida, que nos permite entrever intereses ocultes.


Aún así la película crea suspense, sobretodo en el tramo final, y contiene escenas bastante destacables, como las dos de la bañera. Aunque el final me pareció un tanto abrupto, se merece un buen notable.


7/10


domingo, 17 de mayo de 2015

Nazarín (ídem, 1959) de Luis Buñuel

En México, a principios del siglo XX, el humilde cura Nazarín comparte su pobreza con los necesitados que habitan alrededor del mesón de Chanfa. Después de proteger a una prostituta que provoca el incendio del mesón, Nazarín se ve obligado a abandonar el lugar. A lo largo de su camino, sus acciones, determinadas por su concepto de la caridad cristiana, provocarán una serie de conflictos.


El personaje de Nazarín es bastante curioso, se podría decir que es una mezcla entre el Quijote y Jesucristo. Por un lado es idealista y justiciero, pero esta desconectado de la sociedad, no es capaz de predecir las consecuencias de sus actos. Por el otro, intenta seguir los ideales y la forma de vida de Jesucristo al límite, ejerciendo la ayuda al prójimo, viviendo en la pobreza y enseñando la palabra de Dios. Completando la analogía con el Quijote, Ándara y Beatriz pueden considerarse personajes análogos a Sancho Panza: siguen a Nazarín porque lo admiran y quieren ser como él, pero no son tan idealistas como él y nunca llegan a entenderlo del todo porque son incapaces de desconectarse de la sociedad y de las costumbres e ideas que conlleva.


Las acciones de Nazarín siempre tienen resultados inesperados, y casi siempre negativos: la quema del mesón, la pelea entre los trabajadores de la obra, el rechazo de la confesión por parte de la moribunda o el fracaso final. Con ello Buñuel parece apuntar a la imposibilidad de la aplicación de las ideas y el modo de vida de Jesucristo. Lo pone en boca del prisionero que ayuda a Nazarín, ambos son inútiles, no contribuyen en nada al mundo, y él es el malo por vivir del robo mientras Nazarín es el bueno por vivir de la limosna, eso es lo único que lo separa.


Además, es frecuente que Nazarín confíe en que la voluntad de Dios haga justicia, pero durante su viaje, los malos resultados de su acciones, la pobreza generalizada y la maldad de los demás parece romper esa idea. El hecho de que nunca pueda hacer justicia, que el azar rompa sus propósitos, socavan la voluntad divina. Un buen ejemplo de la duda que nace en el corazón de Nazarín es la de la cura de la niña enferma, en que las mujeres empiezan a gritar desesperadas y a confiar en rituales supersticiosos, desesperadas por el abandono de Dios en la desgracia absoluta. A la vez denuncia la hipocresía de la Iglesia que rechaza a Nazarín, cuando deberían apoyarlo, pues es el único que cumple con todo lo dicho por Jesucristo.


La fotografía de la película es sucia y barroca, falta de lirismo, capta a la perfección la aspereza y la dureza de la pobreza. Los paisajes áridos de México resultan perfectos. Buñuel, que tiene un estilo muy extraño, una mezcla entre realismo y surrealismo, ofrece una de sus películas más realista, con solo unas pocas escenas surrealistas (algunos delirios y exageraciones premeditadas). Contiene escenas muy impactantes, como la ya mencionada escena de las mujeres gritando alrededor de la niña enferma y de Nazarín, las escenas que transcurren en el pueblo afectado por la peste y la portentosa escena final.


Una de las mejores obras del maestro calandino, un obra más realista que surrealista, barroca y áspera, expresiva y ascética ala vez, que conforma una crítica mordaz al cristianismo en general. Magistral.


10/10


jueves, 14 de mayo de 2015

El espíritu maligno de Yambuy (Zloy dukh Yambuya, 1977) de Boris Buneev

Durante los últimos años de la década de los 40 un grupo de geodestas soviéticos se dedica a elaborar el primer mapa topográfico de las áreas más inhóspitas de la Siberia Oriental. Mientras esperan la llegada de un avión que les recoja para volver de regreso a casa, el jefe de la expedición, Grigori Fedoseev, recibe la noticia de la desaparición de uno de los miembros del equipo. Es el segundo geodesta desaparecido en la montaña de Yambuy. Fedoseev decide entonces volver a Yambuy acompañado de dos miembros del equipo, para buscar a los desaparecidos. Ambos llegan a un campamento de evencos, una etnia indígena de la zona. Allí la anciana Langará le cuenta que ya desaparecieron varias personas anteriormente en Yambuy sin dejar rastro, y lo achaca a la existencia de un espíritu maligno, Jarguí.


El espíritu maligno de Yambuy es una película entrañable, una de esas películas que hubiera disfrutado como un enano si la hubiese visto de pequeño: una aventura por un lugar inhóspito y deshabitado (Siberia) mezclada con elementos sobrenaturales y de terror (el espíritu maligno). Una mezcla perfecta para encandilar (y aterrorizar) a un niño.


Pero, desgraciadamente, su factura técnica es bastante mediocre: hay bastantes cortes abruptos, múltiple fallos de raccord, los actores nativos son bastante mediocres (y los demás actores tampoco brillan demasiado), la fotografía es bastante irregular (no siempre es capaz de aprovechar la enorme belleza de un escenario como Siberia), hay bastantes escenas mediocres y ridículas (como el clímax final), etc.

El mayor acierto es, probablemente, utilizar una banda sonora hecha mediante sonidos de la naturaleza, con la cual se subraya la soledad de sus protagonistas y contribuye a construir una atmósfera opresiva.


No la suspendo aún con sus enormes fallos porque entretiene y porque es una de esas películas a las que les coges un cierto cariño aunque sean malas.


5/10


martes, 12 de mayo de 2015

El sueño de un hombre ridículo (Son smeshnogo cheloveka, 1992) Aleksandr Petrov

Adaptación de la novela homónima de Dostoievski que narra las experiencias de un hombre que, tras llegar a la conclusión de que su vida carece de sentido, decide suicidarse; sin embargo, un encuentro casual con una joven le hace cambiar inmediatamente de opinión.


Después de pasar por una etapa nihilista, al concebir la existencia como algo absurdo, y odiarse a si mismo por no ayudar ala niña que lo necesitaba, el hombre experimenta un sueño, o tal vez una experiencia mística que le revela la verdad. Allí ve un mundo paradisíaco, donde la gente vive en armonía, sin conflicto. El, enamorado de ese mundo, es quien acaba corrompiendolo enseñándoles a sus habitantes a mentir. La mentira engendra todos los demás males del mundo, que se corrompe y engendra egoísmo, violencia, individualismo, corrupción, violencia, etc.


Eso engendra diversos intentos para devolver la armonía a la sociedad: la religión, las leyes y la ciencia. Pero todos fracasan por culpa de la falta de cooperación, de quienes se ponen a si mismo por encima de los demás y destruyen todos sus progresos en favor de sus intereses egoístas. El nihilismo es una postura egoísta e inútil, pero necesaria para llegar a la conclusión a la que llega el protagonista, que el principio central por el que deberían moverse las personas y la sociedad es el principio cristiano de”el amor al prójimo”, persiguiendo siempre la utopía.


Estéticamente es una maravilla, el dibujo combina el expresionismo con un estilo goyesco, además de unos toques de surrealismo y abstracción (casi obligados teniendo en cuenta que se trata de un monólogo interior vertebrado por un sueño). El monólogo interior es un estlo literario que encaja muy bien con el cine de animación y es capaz de expresarlo en imágenes como no podría una película de imagen real. La película enseguida capta al espectador y lo absorbe, resulta emotiva y desgarradora, una verdadera maravilla.


10/10